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EL MOURO DE CABO VILAÑO
Había crecido escuchando aquellas leyendas de mouros en boca de su abuela, en las noches de invierno sentado al calor de la lareira, escuchaba fascinado y asustado, aquellas historias de seres misteriosos que robaban doncellas y escondían tesoros, mientras en el exterior el temporal arreciaba y la lluvia sacudía con fuerza los cristales de las ventanas.
Era una de las imágenes que guardaba en su memoria desde su más tierna infancia, esa, y la de su madre y su abuela perpetuamente vestida de negro. Como casi todas las mujeres de la aldea, habían ido enlazando el luto por sus muertos, uno tras otro, hasta perder la memoria de por quien vestían de negro ahora. Vivía en un pueblo marinero, y como en todos los que bordean la costa de la muerte, el omnipresente mar era juez y verdugo de sus habitantes, proporcionándoles lo necesario para vivir, y arrebatándoles a sus hombres en la flor de la vida. Así era como había muerto su padre, en un terrible naufragio, a causa de un terrible temporal que aquel día se presentó sin avisar, impidiendo que las frágiles embarcaciones de bajura pudieran ponerse a salvo en la seguridad del pequeño puerto pesquero.
Ocurrió la tarde anterior al Miércoles de Ceniza, a pesar del frío de febrero, Xurxo, abandonó las animadas calles de Camariñas, atestadas de máscaras y música, en la celebración del húmedo Antroido gallego, y tomando la carretera que subía hasta el faro, se perdió entre la niebla que surgía del mar. Se sentó en unas rocas cercanas al faro, le gustaba observar el retazo de luz que se dibujaba sobre la superficie marina, esa noche roto en jirones de espuma y agua por la mar embravecida. Mientras iba cayendo la noche, la niebla le envolvía con sus dedos de humo, arrastrándole, sin que se diera cuenta, al abismo del sueño. Cuando despertó, la niebla lo había cubierto todo, sólo a lo lejos, iluminada por la, ahora, congelada luz del faro, se distinguía la tenue figura de una mujer. Xurxo temblaba de pies a cabeza, sin duda alguna se trataba de alguna aparecida de aquellas, que, según se contaba en la aldea, atacaban a los caminantes, robándoles el alma; quiso echar a correr pero su pies parecían estar clavados sobre la arena; sus ojos, hipnotizados, permanecían fijos en la mujer, que poco a poco se le iba acercando, ni en sus sueños había visto nunca nada tan hermoso. Se detuvo a pocos pasos de él y le habló, sin mover lo labios, con una voz tan dulce, que acariciaba. - Mi nombre es Dona Elvira, yo era la hija menor de un rico hacendado que vivió hace muchos años en estas tierras. Una tarde cuando paseaba sola por los alrededores, un moro ruin me secuestró, y me hizo prisionera en su palacio. Todas las noches en martes de carnaval, el moro se queda dormido, y yo quedo liberada durante unas horas de mi prisión, tiempo que aprovecho para volver a visitar estas tierras, que eran las de mi familia, esperando que aquel que habría de liberarme viniese a mi encuentro, esta noche, gracias al cielo, te he encontrado a ti. Para hacerlo debes acudir a la tumba de mi padre y sacar de ella su calavera, que pondrás a clarear a la luz de la luna llena, en el lugar donde los antiguos sabios hacían su magia, habrás de repetir este ritual todas las lunas hasta la llegada de la noche de San Juan, esa noche regresarás de nuevo a este lugar y donde tierra y mar se hacen uno sólo encenderás una hoguera. Hecho esto oirás que la tierra ruge y de ella surgirá la figura del moro que me tiene prisionera, no le tengas miedo puesto que no podrá hacerte daño si llevas la señal del cristiano sobre tu frente, cuando lo tengas delante arrojarás la calavera de mi padre en la hoguera mientras recitas: “Noche mágica del fuego/ Noche de hoguera de San Juan/ Estos huesos te entrego/ A cambio de la moza libertar” Así podrás vencerlo y yo seré liberada. Si haces lo que te pido serás grandemente recompensado, pero si me fallas sufrirás un terrible castigo. Dicho esto la "feiticeira " moza desapareció entre la niebla. Xurxo se quedó mucho tiempo allí sin ser capaz de reaccionar, cuando por fin lo hizo, la niebla había desaparecido totalmente, descubriendo a su marcha el constelado cielo nocturno. Estaba helado hasta los huesos, con dificultad echó a andar hacia la aldea, sin poderse creer lo que aquella noche había acontecido.
Se despertó muy temprano al día siguiente, apenas había dormido y las pocas horas de sueño de las que había disfrutado, habían estado plagadas de terribles pesadillas, cansado y ojeroso salió a la calle. Sabía por su abuela, que encontrar una moza cautiva por un "mouro" podía ser un gran golpe de suerte, pero que estos seres mágicos eran muy peligrosos y que rara vez, el que osaba robarles su tesoro, salía indemne de la aventura. Sólo podía recurrir a una persona para que le ayudase y aunque le inspiraba un miedo casi sobrenatural se encaminó a su casa con paso decidido
Marica da Cuchimana, mucho antes de que Xurxo naciera había sido la "compoñedora" de la aldea, hasta que un terrible accidente, de circunstancias poco claras, la había dejado ciega y desfigurada, desde ese día nadie había vuelto a verla, la única prueba de que continuase viva era el humo que, en algunas ocasiones, salía por la chimenea de su casa. Tenía además fama de meiga, los niños de la aldea repetían entre ellos historias sobre sus pactos con el diablo, y eran muchos los que en la villa juraban y perjuraban haber visto a una mujer salir de su casa volando sobre una escoba para acudir al aquelarre que se celebraba todos los sábados en un bosque cercano a la aldea. Xurxo siempre había sentido un miedo supersticioso por aquella mujer, que durante toda su infancia había habitado en sus más terribles pesadillas, pero, le gustase o no, era la única persona que conocía capaz de arrojar algo de luz sobre los acontecimientos de la pasada noche.
La casa era oscura, por las contras cerradas se colaban, entre las rendijas, pequeñas líneas de luz, que se distorsionaban en el ambiente y mostraban la incesante danza de las motas de polvo, la mujer estaba sentada en una esquina, oculta en la penumbra, pero a pesar de no verle la cara, el joven tuvo la impresión de que le miraba muy fijamente. - Doña María, venía..... - Sé a lo que has venido neniño, has visto a la aparecida Dona Elvira. Ven acércate, siéntate aquí a mi lado, no tengas miedo de esta pobre anciana. Sus piernas temblaban mientras obedecía, se sentó junto a ella, y , a pesar de la falta de luz pudo ver el rostro de la mujer. Su cara estaba totalmente deformada por un millar de minúsculas cicatrices, como si se la hubiese quemado, lo que había sido su boca, no era más que una pequeña línea negra, contraído en una mueca de perpetúa tristeza a causa de as lesiones de su rostro, pero lo que más asustó a Xurxo fueron sus ojos, eran totalmente blancos como si algo o alguien hubiese arrancado de ellos las pupilas y el iris, negándoles para siempre la luz de la mirada. - Te conozco -le dijo la anciana- tu eres Xurxo da Fame, el nieto de Benita, tu abuela y yo íbamos juntas a los bailes, que bien lo pasábamos cuando mozas. Xurxo se movió incomodo en su asiento, bastante miedo le daba la presencia de aquella mujer, como para aún encima convertir aquello en una visita social, necesitaba respuestas y no estaba seguro de cuanto tiempo sería capaz de permanecer sentado antes de echar a correr. Como adivinando sus pensamientos Marica da Cuchimana retomó el hilo. - La mujer que se te apareció ayer noche, Dona Elvira, no es la doncella presa que dice ser, en realidad es una fada maligna, y el mouro del que te habló es su marido. Todos los martes de Antroido, Dona Elvira, se aparece y promete a aquel que la libere grandes tesoros, pero no es más que una trampa para poder matar y comerse al incauto que piense que puede hacerlo. - Entonces no volveré por allí, y así no me pasará nada. - No puede ser, una vez que ves a la aparecida debes regresar el día que te ha ordenado o terribles desgracias caerán sobre ti y sobre toda tu familia. - Entonces estoy perdido- dijo el desesperado muchacho. - No es así, yo te ayudaré a vencerlos. - ¿Y luego? ¿Qué es lo que tengo que hacer? - Debes cumplir con lo encargado por la meiga, cogerás los huesos de su padre y los clarearás a la luz de la luna, llegada la noche de San Juan, encenderás la hoguera repetirás el exconxuro, y así podrás vencer al mouro. - Pero ella dijo que habría de encenderla donde tierra y mar se hacen uno sólo y yo no sé donde eso. - No es más que el lugar donde esta la marca de la marea. En la noche del santo Juan, ese lugar posee grandes virtudes mágicas, pues es un lugar intermedio en el que las fuerzas marinas y terrestres se concentran. El muchacho asintió, pero un nuevo problema surgió en su cabeza - Pero ella, además, me dijo que tenía que levar la señal del cristiano marcada en mi frente, y yo no tengo señal ninguna. - Pero la tendrás, hoy es miércoles de ceniza. Debes acudir a la Iglesia y dejar que el señor cura te marque con la cruz. - ¿Y de que ha de servirme eso?, yo tengo que ir en junio junto a la fada. - No importa, durante la ceremonia el cura convierte la ceniza en los restos de los difuntos confiriéndoles de esta manera poderes mágicos, la fuerza de tus antepasados te protegerá, de manera que el mago no podrá ponerte un sólo dedo encima. Así podrás deshacerte del mouro, que no te hará ningún daño. - ¿Y Dona Elvira? - Una vez el mouro este vencido, ella te pedirá que te acerques para darte tu tesoro, pero no debes hacerle caso, ella por tres veces repetirá su mandado, y viendo que tu no obedeces se acercará a ti, debes permanecer con la vista fija en el suelo, sin mirarla ni una sola vez, ella te dirá palabras muy dulces para que lo hagas, te hablará con galanterías, pero bajo ningún concepto debes poner los ojos sobre ella pues si no estarás perdido y muy difícilmente escaparás con vida de ella. Xurxo miraba espantado a la anciana y sentía que sería incapaz de enfrentarse a todo aquello. - No debes tener miedo Xurxiño, cuando la mujer este lo suficientemente cerca de ti le arrojarás encima una botella de agua bendita mientras recitas: "Moza feiticeira, filla do Diaño, deste mundo sexas expulsada, Que teu castigo atopes na túa próxima morada"
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