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A la misma tradición según Turner, pertenecería el Necronomicón encontrado en 1967 por Sprague de Camp, biógrafo de Lovecraft, quien preguntó en Bagdad a un profesor palestino por el significado del nombre árabe del Necronomicón, Al Azif, derivada del antiguo acadio, encabezaba un manuscrito en su poder escrito en diurano, un dialecto del sirio hablado por unos pocos ancianos de la localidad kurda de Duria, en una de cuyas tumbas se habría encontrado el documento. De Camp le compró el manuscrito. Ya América, averiguó que en realidad estaba escrito en un idioma parecido al persa, que podría ser geberiano. Sus esperanzas se vinieron abajo cuando un experto, Reinhold Carter, del Museo Metropolitano, le aseguró que era una falsificación del siglo XIX. En 1973, animado por una carta en la que el antiguo propietario pretendiera que le revendiera el documento, publicó el manuscrito con el título de Al Azif. El Necronomicón, en la editorial Owlswick Press de Filadelfia.
Lo cierto es que Turner no ha sido el único. Otras dos publicaciones al menos, surgidas de círculos crowleyanos, pretenden contener en verdadero Necronomicón. Parecen existir cierto paralelismos entre el sistema que le fuera revelado al mago inglés Aleister Crowley y el reflejado en Los Mitos. Algunos pasajes del libro del Libro de la Ley que le fueran dictados a Crowley en estado de semitrance por una entidad llamada Aiwaz, tienen ciertas reminiscencias lovecraftianas. El Yermo Frío llamado Hadith, al que en algunas de sus obras se refiere el que fuera jefe supremo de la Ordo Tempi Orientis (O.T.O.) recuerda mucho al Yermo Frío de los relatos de Lovecraft. Crowley menciona asimismo el sueño original de los Grandes Antiguos. Hasta el demonio del abismo con el que Crowley afirmó entrar en contacto practicando la magia enoquiana del doctor John Dee en el desierto, Choronzón, recuerda ciertos aspectos de los dioses Primigénios lovecraftianos. Los paralelismos son muchos.
¿Fueron Crowley y Lovecraft controlados por las mismas entidades? ¿O las coincidencias se deben a que Lovecraft conoció la obra de Crowley? Aunque algunos de sus más íntimos colaboradores niegue esa posibilidad, lo cierto es que en su relato El Ser en el Umbral se menciona al responsable principal de una sociedad que profesaba extraños cultos y que intentaba afincarse en Nueva York. Ese dato, junto con la mala reputación que acompaña al personaje, hace sospechar que se refiere a Crowley. En cualquier caso, las mitologías de ambos autores comparten una misma atmósfera inquietante. Da la sensación de que ambas proceden de estratos oscuros y muy profundos de la mente, de allí donde pueden habitar cosas que no conocemos y que tratan de emerger a la conciencia a toda costa.
En sus trilogía sabeana, que incluye uno de los dos necronimicones publicados recientemente, Frank G. Ripel, dirigente de la Ordo Rosae Mysticae (O.R.M.), que se considera heredera de la O.T.O. Crowleyana
La mayor parte de sus relatos fueron inspirados por sus sueños, en los que no quiso reconocer la verdad oculta. El sistema crowleyano y el de Lovecraft corresponderían a un culto antiquísimo relacionado con las estrellas: el sabeano. La O.R.M. No solo afirama que su milenario Necroniomicón es el auténtico, sino que es un derivado de un libro más antiguo, el Sauthenerom,
El otro Necronomicón, al que antes hacíamos referencia, fue editado en 1977 por L. K. Barnes. Según afirma este, el manuscrito le fue entregado por el famoso sacerdote y demonólogo Montague Summers. Barnes, en una parte de la obra, advierte que la labor de traducción y edición estuvo sembrada de todo tipo de accidentes que afectaron a muchos de sus colaboradores e, incluso, a él mismo. El resusltado fue una obra que, en rasgos generales, parecía de origen sumerio. Los nombres de divinidades del panteón mesopotámico, tales como Marduk, Ereshkigal, la diosa del Abismo y del Infierno, o Tiamat y Absu, representaciones del caos informe y maligno, son frecuentes en las invocaciones y ceremonias descritas en dicha obra y habrían dado lugar, por alteraciones fonéticas, a los nombres de diversas divinidades lovecraftianas. Algunas incongruencias, tales como ciertas figuras con letras en griego, sigilo que recuerdan excesivamente a los de algunos grimorios medievales bien conocidos, etcétera, son explicadas por el editor como el resultado de las alteraciones introducidas por los diferentes copistas. Sin embargo, son muy sospechosas cierta atribuciones simbólicas y mágicas empleadas en el seno de la O.T.O. reformada por Crowley y que él mismo introdujo cuando se convirtió en jefe supremo de la Orden: son las mismas que este aprendió en una Orden contemporánea, que se ha convertido en referencia oblicada para los ocultistas modernos, la Golden Dawn. Barnes advierte que los rituales de protección de dicha orden no sirven contra las fuerzas evocadas por el Necronomicón; pero, según Lovecraft, lo que puede detener la acción de los Primordiales es justamente uno de sus símbolos fundamentales, el pentagrama, es decir, el Gran Signo de los dioses Arquetípicos.
El Necronomicón publicado por la O.R.M. no contiene las invocaciones al dios Yog-Sothoth, que, según Lovecraft, incluiría la copia realizada por Dee. Ambas obras contradicen algunos de los pocos datos que sobre sobre su forma y contenido se dan en los Mitos.
Aún hoy continúa la controvesia y el Necronomicón sigue siendo buscado por algunos, mientras otros han aceptado como auténticos uno de los dos que se han publicado y ponen en práctica sus rituales. Quizá, en algún lugar del océano, Cthulhu sigue hablando en sueños a ciertos hombres a fin de que, en una búsqueda desesperada, contribuyan a abrir los portales. Si los Antiguos existiesen, no tendrían una forma mejor de crear espectación y formas de pensamiento de las que poder alimentarse hasta el día en que puedan llegar a ser lo sificientemente fuertes. Tal vez no esté tan lejano el momento en que los perros de Tíndalo, los sabuesos sin forma que moran más allá del espacio y del tiempo, consigan acceder a nuestro Universo, a través de una geometría imposible. Lo que pudiese venir después, mejor no pensarlo."
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