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La Ciudad del Conde
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| islington
desde la azotea hobbit
-- Miércoles, 3 de Noviembre de 2004 a las 13:31.
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Que es donde Moon y yo hemos hemos pasado estos días que se debaten entre los ritos ancestrales y el culto a la calabaza. Nos hemos alojado en el Ónice de la Feria, que está junto a una decadente plaza de toros en pleno proceso de reconversión en centro comercial.
Y qué decir de las cosas que vimos; una fuente más grande que una casa, ideada por un discípulo de Gaudí, coronada por un pebetero llamenate.
El Monte del Judío, a cuya base te elevan escaleras mágicas, donde la espesura da paso a jardines, teatros, museos, y donde el murmullo del agua te acompaña en tu ascenso; la fortaleza que lo corona alberga miles de espadas, lanzas, armaduras y demás armas modernas, éstas no tan bellas como las anteriores, de las que hay hermosos ejemplos, cuyas delicadas formas contrastan con el fín del objeto. El Monte también guarda la mejor colección de arte medieval que he visto, y no sólo las pinturas murales arrancadas de ábsides, arcos y paredes de los templos de la Corona y allende, sino escultura, óleo y sobre todo orfebrería.
En los paseos por la Ciudad Antigua había músicos por las plazas (incluso un arpista), mercadillos, y en las iglesias el incienso transportaba los ecos de las misas de difuntos. Y cerca están los astilleros medievales, que albergan el museo marítimo, y que permite la visita a un paquebote de principios del XX.
Atravesando la Ciudad de Abajo fuimos hasta el monasterio de Petras Albas, fundado por los Moncada, cuya influencia llegó hasta estas tierras al sur; y otra familia, los Thyssen, tiene allí una colección de pintura, que incluye un Canaletto, y su detalle es superior al de una fotografía.
Y también contemplamos desde dentro algunos delirios de Gaudí; me parece increíble su aportación a la arquitectura: las cargas se ditribuyen como en un árbol, directamente hacia abajo, lo que suprime los contrafuertes y paradójicamente eleva la altura (creo que es así), y luego está toda la decoración vegetal, y cómo el Dragón se manifiesta en toda su obra... Y en otro edificio modernista, una antigua fábrica textil, había exposiciones, una de Rodin y su legado que me recordó otra en la Lonja de Zaragoza.
Y respecto a cosas más terrenales, sí comimos paneyets, que hasta entonces no sabíamos qué eran ni la "tradición" de comprarlos, que no son baratos precísamente; pero que sí nos gustan (sobre todo los de chocolate del mercadillo artesano, donde también compramos unos caramelos de regaliz y miel muy ricos). El vegetariano donde perdí el paraguas ahora es más pichi (y más caro), y hay dos indios (que son el mismo) muy buenos. Y por supuesto fui al Triángulo de las Librerías, una de ellas lugar de culto por el advenimiento de Neil Gaiman (del que supone que exite una foto conmigo y que no tengo), donde cayeron comics y otra Gigamesh, allí fue un libro de AusTim Powers, autor que nos gusta mucho a Anax y a mí; (había otro, ed. original de Martínez Roca, cuyos 70 y pico uros me decidieron por esperar a que lo reediten).
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