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81.42.80.144 |
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De pie frente a la gran cristalera del edificio shin-ra, Neo Geo ojea distraído unos documentos. Apoyó un brazo en el cristal y observó la ciudad. Los nuevos barrios se habían terminado de construir hacia muy poco. Los reactores se erguían orgullosos formando un octágono en el perímetro exterior de la ciudad. De nuevo, Midgar poseía dos plantas. Aunque en esta ocasión, la planta baja, la que se encontraba a ras de suelo, había sido considerablemente mejorada. Se habían dispuesto grandes depuradoras de aire para evitar que este se viciase, y en el techo, (el suelo de la segunda planta) se habían instalado unas pantallas de plasma gigantes, que mostraban el cielo tal y como lo veían los ciudadanos de la planta superior. La nueva ciudad, a diferencia de su predecesora, contaba con numerosas zonas verdes. Sin embargo, la amenaza de una crisis industrial planeaba sobre la joven ciudad, como buitres esperando a abatirse sobre una presa indefensa. Apenas hacía cinco días que habían terminado la construcción del último reactor y ya habían intentado atentar contra otro.
El sonido de la puerta al abrirse sacó a Neo Geo de su ensimismamiento. Un miembro de los Turcos entro en la habitación.
- Los tenemos. – anuncio orgulloso. - Avisa a Soldado, que se reúnan dos batallones de soldados rasos. – ordenó Neo Geo. – Llamad a Alen, voy a informar a Sefirot. - Sí señor.
Neo Geo salió de la habitación con pasos apresurados, el Turco se demoro un poco más, cuando estuvo seguro de que el Soldado no volvería, se acercó presuroso al escritorio y examinó los documentos que neo Geo había estado leyendo. Una vez finalizado su espionaje, marchó a cumplir las ordenes.
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