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- ¿No te aburres, semielfo? - Tengo un nombre, ¿sabes, Khanwulf? - Bueno, está bien… Hmpf… ¿No te aburres, Dhis? Ver a todos esos orcos dando vueltas por aquí y por allá, preparando defensas para estos muros, cuando podríamos estar luchando. - Paciencia… total, para lo que vamos a hacer… Dhis se recostó sobre una de las paredes del barracón enfrente del que estaban. Khanwulf, observando que, efectivamente, el semielfo estaba aburrido, aunque no tal y como esperaba, se fue a dar una vuelta para tratar de despejarse antes de lo que pudiese pasar. Pudo ver a sus compañeros ocupados de alguna forma u otra. Incluso se fijó en cómo Jade y Nathan comprobaban algunas de las armas de los orcos. El bárbaro se acercó a ellos, interesado por saber cómo eran esas armas que tanto parecían interesar. - ¿Molesto? Jade y Nathan se volvieron para mirar a Khanwulf. El guerrero bárbaro observó los ojos de Jade. Decidió no hacer caso al detalle de que pronto la elfa pudiera romper a llorar. Tampoco es que le importase mucho… - El sitio está algo aburrido y sólo pasaba por aquí, por curiosidad y por no morirme del aburrimiento. ¿Cómo van las cosas por aquí? - Sólo estamos comprobando las armas, nada más – respondió Nathan -. No sé si será lo suficientemente interesante para ti. Khanwulf se quedó mirando un hacha que Nathan estaba observando antes de que el bárbaro llegase. Khanwulf la cogió lentamente y se puso a contemplarla con bastante detenimiento. Se la devolvió a Nathan y cogió su Hacha Revienta-Trasgos. Al verla, los goblinoides que estaban con ellos se pusieron a la defensiva. En ese momento, Karras y Koruok llegaron, temiéndose lo peor. - Tu hacha asusta a los nuestros… ¡guárdala! – ordenó Koruok al bárbaro -. ¿Acaso crees que es un juguete? - Vale, vale… ya la guardo… Molesto ante la actitud que todos habían mostrado, Khanwulf, con las manos levantadas una vez guardó el hacha, se alejó de ellos, mientras murmuraba algo que no pudo entender ninguno de los presentes.
Nathan suspiró y miró a Karras y Koruok, pidiendo disculpas por lo que había pasado. - A todo esto, ¿y Youngwood? - El mediano descansa en uno de los barracones – contestó Karras, alisándose la barba -. Ya ha sido difícil de convencerle que estuviese allí. Pero yo me pregunto... – y miró a Koruok - ¿Qué es lo que pasa con el tal Argen? Parecía que, aunque no se mostrara muy reacio a nuestra presencia, no estuviese del todo cómodo con nosotros. - No estamos acostumbrados – Koruok se volvió para mirar el portón por el cual pasó Argen hacía varios minutos y luego volvió a mirar a Karras -. Aún sigue habiendo rencores… Han pasado miles de años desde que Milkûr se convirtió en lo que es hoy, aislada del mundo. Sólo los orcos de costa han tenido contactos con el exterior. Salk, Sither… e incluso Eldör. Tierras que no conoceríamos si no fuese por lo que hemos aprendido de ellos. - Así que… en un principio no iban las cosas tan mal, ¿no? – preguntó Jade, algo más serena y recuperada. - Si se refiere a la relación con los orcos de costa… sí, así es. Antes, las relaciones entre pueblos de costa e interior eran perfectas. No había problemas. Habíamos aprendido a vivir sin la llamada de Orgoroth, el Dios de nuestra especie. Pero eso fue antes de Gran Guerra… antes de que los goblinoides de costa escucharan de nuevo los cantos guerreros de Orgoroth. “ En interior, nosotros tratamos de no responder a la llamada de Orgoroth una vez más. Lo conseguimos, pero parientes de costa no. Y desde el final del conflicto, trataron de atacarnos, considerándonos bastardos de Orgoroth. Muchas ciudades de interior cayeron. Raeg fue la única que sobrevivió, gracias a estas murallas entre las que estamos. Luchamos día y noche hasta expulsarlo. “ Ahora… mientras en costa siguen con la cultura de la guerra, en interior nos… hmmm… diversificamos. Algunas ciudades más se construyeron lejos de Raeg, pero deben siempre hacer frente a los goblinoides de costa… - Pero ahora no parece quedar nada de estos goblinoides de la costa – interrumpió Karras -. Lo que vimos… lo que ustedes vieron… esa masacre… ¿Acaso no actuaron antes? ¿Cómo es que llegaron tan tarde? - No tenemos rencor alguno a nuestros parientes en costa. Ellos se negaban constantemente a que recibieran ayuda. El consejo de sabios de Raeg finalmente decidió enviar a varios grupos. El mío fue el último… y creo que casi el que únicamente se ha salvado. - Me temo que habrá que trabajar duramente en la reconstrucción de este continente tras todos estos eventos – sentenció Nathan con voz queda -. Pero no dejaremos que Raeg caiga. Somos parte de la última esperanza de esta civilización en Milkûr. ¿Me equivoco? - No… No se equivoca.
Mientras el semielfo, el orco y el enano hablaban, Jade se fue alejando lentamente de ellos. Cruzada de brazos, caminó por entre los diversos soldados que iban yendo de un lado para otro. Se acercó a uno de los barracones, donde Dhis estaba apoyando su espalda contra la pared. Jade entró en el interior del pequeño edificio, casi vacío. Había un gran desorden dentro del barracón. Varios cascos, hachas, espadas y escudos estaban por el suelo desperdigados, abandonados apresuradamente por sus dueños. Jade se preguntaba si los recogerían. Ella no tenía ganas para hacerlo… Se sentó en un taburete de madera y puso los brazos, aún cruzados, sobre la mesa que tenía enfrente. Suspiró profundamente y hundió su cara entre los brazos, ocultando las lágrimas que había estado reteniendo todo este tiempo.
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