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Rápidamente, tanto Delith como Xavier estaban metidos en la batalla. La semielfa pelirroja había causado ya la primera baja entre los camaleones, pero aún quedaban catorce más. Fëadraug y Xan se ocupaban de otros tres camaleones, si bien a Delith no le pareció nada agradable que el elfo silvano arriesgase así su vida. Fue a reunirse con él, pero uno de los reptiles se puso en su camino. La elfa le golpeó con el báculo, pero aquella criatura le detuvo el golpe. Rápidamente, la elfa respondió lanzándole una bola de fuego en todos los morros, haciendo que el camaleón cayera inerte al suelo con la cara chamuscada y desfigurada. Delith buscó con la mirada a los demás, ya que los camaleones cegados, que andaban sin rumbo, se ponían en su camino. Algunos debía esquivarlos, a otros los golpeaba con el báculo. Pronto estuvo cerca de Fëadraug y Xan. Pero le preocupaba no ver a los demás, especialmente a Xavier. El sonido de un golpe hizo que se girara y viera que alguien caía al suelo. Delith comprobó que era Sabrina quien había caído y ahora se levantaba, limpiándose el pequeño hilo de sangre que salía de su boca. - Sabrina, ¿estás bien? - De maravilla, Delith, estoy de maravilla… - respondió la maga con tono molesto y sarcástico. Dos camaleones más cayeron. Sabrina y Delith observaron a ambos reptiles desplomarse delante de ellas y ver a la semielfa pelirroja detrás, triunfante y con su guadaña aún sedienta de sangre. La cuenta de camaleones muertos ascendió a cinco gracias a Draug y Xan. Los pocos camaleones que no estaban cegados luchaban con más fuerza por cada ‘hermano’ caído. Pero de poco les servía mientras aquellos aventureros seguían luchando. Fëadraug notaba que Sabrina no estaba del todo concentrada. Esquivaba los golpes casi de suerte y rara vez conseguía golpear a sus enemigos. Al elfo le extrañó que no utilizara sus poderes contra los camaleones, pero seguramente aquella magia maga necesitaba de cierta concentración de la cual carecía la maga en esos momentos. Uno de los camaleones fue a lanzarse sobre Sabrina, que no parecía reaccionar ante el inminente ataque. Una bola de fuego de considerables dimensiones golpeó al camaleón en el aire y explotó en su pecho, haciendo que el torso del camaleón reventara con la tremenda explosión y sus llameantes vísceras cayeran sobre el campo de batalla. Sabrina se apartó de un pequeño salto y sintió la mano de alguien sobre su hombro. - No deberías distraerte, Sabrina – dijo Fëadraug a la maga -. Te va a costar la vida. Aun sabiendo que el elfo tenía razón, Sabrina hizo como si no le hubiese escuchado y se apartó de él para seguir combatiendo. Fëadraug no estaba dispuesto a dejarla sola. Sus distracciones le iban a costarle caro a Sabrina.
- ¿Habéis visto a Xavier? – preguntó Delith a Xan y a la semielfa. - ¿No se supone que el crío ese estaba contigo, elfa? – respondió con otra pregunta la semielfa -. Desde luego, eres lo peor cuidando niños. El camaleón más próximo a la semielfa cayó al suelo cuando la pelirroja le abrió una herida muy profunda con su guadaña. Xan se encargó rápidamente de rematarlo mientras estaba en el suelo. Poco a poco, conseguían entre todos reducir el tamaño de aquel enorme grupo. Algunos de los camaleones incluso emprendieron la huida. Pero en la confusión del combate y las huidas, Delith aún seguía sin localizar a Xavier. Un último camaleón, que todavía seguía luchando con todas sus fuerzas, se iba a lanzar sobre las tres chicas. En ese mismo instante, un objeto pasó volando cerca de ellas, incluso casi rozaba las gafas de aviador de Delith. El objeto acabó finalmente incrustado en el pecho del camaleón, que estaba a punto de saltar. Las tres se acercaron al camaleón recién caído y Delith se sorprendió al ver que era su cimitarra lo que había acabado con la vida del camaleón. Se volvió y observó a Xavier, jadeando, y alzando su pulgar. A ambos lados del chico había otros dos camaleones sin vida. El muchacho iba a desplomarse del cansancio, pero Delith se apresuró en cogerlo. Xavier se apoyó en Delith para volver a ponerse en pie. Fëadraug y Sabrina, sorprendidos, se acercaron a ellos. - Pero… ¿no se suponía que Delith te llevó lejos? – preguntó el druida, todavía sin creer que Xavier hubiese participado en la lucha -. No deberías haber… - No hay de qué preocuparse – Xavier sonrió al elfo y miró a las chicas también con una amplia sonrisa -. Sólo estoy agotado… no estoy acostumbrado a pelear y algunos de esos camaleones me han dado unos buenos golpes. - No deberías haberte metido en el combate, Xavier. ¿No te das cuenta de que…? Draug tuvo que interrumpirse a sí mismo cuando vio que Xavier se tambaleaba y empezaba a manar sangre de su boca. Fëadraug guardó la cimitarra en su vaina, le dio el Bastón Natura a Delith para que lo llevara ella, cogió al muchacho como pudo y miró a las chicas. - ¡Hemos de irnos de aquí inmediatamente! – les exhortó el elfo -. Esto no es una simple huida. - ¡Eh, elfo, si han huido como gallinas! – le contradecía la semielfa, señalando la dirección por donde los camaleones había escapado. - Eso podría parecer, pero no me extrañaría que fuesen una pequeña avanzadilla y que ahora vayan a buscar a más de los suyos. Ha sido todo demasiado fácil… demasiado… Cargando con Xavier, el elfo reanudó el camino. Las féminas le siguieron, tomando en serio la advertencia de Fëadraug. No les gustaría otra pelea con esos lagartos sobrealimentados tan de seguido. Además, su prioridad seguía siendo irse de la isla como fuese. Si Draug no se equivocaba, en tres horas estarían en la costa.
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