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Aquella enorme criatura era, efectivamente, el principal objetivo de todos, un problema tan grande como el propio reptil. Keldorn y Altariël estaban más cerca de Karras y oyeron al enano murmurar que el gran reptil se guiaba por el movimiento. El Templario se giró hacia la elfa y le preguntó: -¿No tendrás por casualidad algún hechizo para cegar a ese lagarto sobrealimentado? Si es así, no te invitaré a un trago de sake, sino a un barril entero. - ¿Cegarle? - preguntó la elfa. Aquélla era una posibilidad: si el lagarto se orientaba por el movimiento, si no pudiera verlos, dado el alboroto general no podría detectarles. "Bien", pensó la elfa, "por probar que no quede". - Me has dado una idea, Keldorn - dijo Altariël, quien rápidamente se volvió hacia los demás -. Escuchadme, podría lanzar un conjuro de oscuridad a su cabeza, eso en teoría le impedirá vernos al menos durante el tiempo suficiente para acercarnos a él. Si nos situamos debajo de él o encima de su lomo, no creo que sus fauces nos alcancen, aunque eso no le quita peligro... ya sabéis, aplastamiento, caídas... Sus movimientos con semejante tamaño no creo que sean muy rápidos... al menos eso espero. - Cegarle es lo más oportuno - respondió Jade -. Si se guía por el movimiento, tu hechizo de oscuridad podría facilitarnos las cosas: conseguiríamos tenerlo a nuestra merced. Altariël vio que no sólo la guerrera elfa estaba de acuerdo. Varios de sus compañeros asintieron, con lo que el plan se puso en marcha. Justo cuando Altariël apuntaba al lagarto, se encontró con que el enorme saurio seguía con la vista a los orcos, los cuales iban directos hacia el grupo, como tratando de encontrar en ellos a sus salvadores. No había tiempo que perder, así que Altariël rápidamente lanzó el hechizo. Una oscura masa se lanzó sobre el terrible lagarto, cubriendo su cabeza y gran parte del tronco. El saurio iba de un lado a otro, tratando de "sacudirse la oscuridad", pero la masa oscura lo seguía, dejándolo totalmente ciego. - ¿Cómo están los heridos? - preguntó Altariël -. Tal vez el hechizo nos sirva para más que para poder atacar a esa bestia. - Sasuke está mejor, pero necesita aún más… - respondió Nathan, pero de pronto vio a Sasuke alejarse del grupo -. ¡Eh, un momento! ¿Dónde se ha metido? Sasuke había desaparecido. Zinkoord se imaginaba ya qué estaba dispuesto a hacer el ronin. De hecho, vio al oriental correr a donde podría estar Therk. - Tanto esfuerzo para salvarle la vida - murmuró el félido, y pensó para sus adentros "¡Pues que le den por culo!" mientras se preparaba para atacar al reptil gigante.
- Algunos de los nuestros no parecen estar en condiciones de luchar debido al sueño - advirtió Karras -. Hay que alejarlos de aquí. - Yo me encargaré de eso - le respondió Kensou -. Vosotros seguid con lo del lagarto enorme, yo me ocuparé de los heridos y los fatigados. - Te lo agradezco, muchacho. Kensou inmediatamente se alejó del grupo y también de los reptiles, mientras Caitlin, Lothar y Lok lo seguían. Kensou miró de nuevo al grupo antes de irse lo suficientemente lejos como para no ver más la hoguera y cuando no sintieran que estaban en peligro.
El primero que marchó a por el gran lagarto fue Zinkoord. El hombre-pantera esquivó la cola del reptil, que se movía a gran velocidad de un lado hacia otro y se llevaba consigo a muchos reptiles y orcos, especialmente los sarianos que, aun siendo ya muy pocos, su cobardía les hacía presas más fáciles que los valientes milkûreanos. Zinkoord trepó hasta la espalda de la bestia y clavó la katana entre un par de vértebras. El lagarto comenzó a moverse nerviosamente y gruñía dolorido y, a la vez, enfurecido. El hombre-pantera, tratando de mantenerse en equilibrio, gritó a Keldorn para que hiriera al monstruo en las rodillas con su mandoble. El Templario escuchó perfectamente al félido. Miró a Karras y dijo: - Muy bien, yo usaré mi mandoble contra una de sus rodillas... Karras, usted ataque a la otra rodilla del monstruo con su hacha – y Keldorn vio que el enano estaba conforme con su plan. - Los demás trataremos de distraer a la bestia y a los otros lagartos para ayudaros a herir de muerte a ese monstruo - añadió Jade. - Con eso la batalla estaría ganada - dijo Koruok -. Mis hombres ya se ocupan de los lagartos más pequeños, eso os facilitará el asunto. Todos pues ya estaban listos para acabar esta batalla lo más rápidamente posible.
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