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"Venga, un poco más, ya casi llegamos!!"
Tifa y Raiden siguieron arrastrando el cuerpo de Vsoho... Habían perdido el rumbo y lo único que tenían sobre seguro era que se habían alejado de la costa y se adentraban en el interior del país... Ahora estaban en un monte bajo, y se acercaban a una ermita que habían visto a lo lejos, después de la pelea...
Abrieron la pequeña puerta y entraron. Era un día soleado, y los rayos de luz se colaban por las ventanas de la ermita. La única figura religiosa que había en la estancia, un Cristo criucificado, estaba ya abandonado y gastado por el paso del tiempo. Un anciano pareció surgir de la nada, y les preguntó con voz cansada si querían algo. Raiden sólo se apartó para dejar a la vista el cuerpo de Vsoho, y el viejo les enseñó una habitación donde podría descansar el herido, ya que sólo disponía de una cama. Seguramente era la celda del ermitaño. Después, sacó algo de leche, queso y pan para que los otros dos comiesen algo. Masticaban despacio, hacía muchas horas que no encontraban nada que llevarse a la boca y degustaban lo ofrecido, que casi se les antojaba manjar de dioses. El viejo les observaba. "Hacía tiempo que nadie pasaba por aquí", comenzó a decir, "últimamente todo está más desbocado que nunca, desde que esos... cómo se llamaban? Los Guerreros Blancos, formaron guerrillas para evitar la tecnología... MEnos mal que por aquí todo es tranquilo, en el monte, apartado de las ciudades donde está todo lo problemático...". Parecía que le daba igual si le prestaban atención cuando hablaba, era como si lo hiciera para desahogarse, debía hacer mucho tiempo que no pasaba nadie por allí... Cuando el anciano terminó de hablar, Tifa preguntó. "Nos puede decir dónde estamos? Hemos perdido el mapa, y estamos algo desorientados...". "Por supuesto. Estamos en Toledo, cerca de Madrid". Tifa y Raiden se miraron. Realmente se habían alejado de la costa, pero ni siquiera se habían dado cuenta de ello... Después de cenar, se prepararon las capas y las pusieron como pudieron en el suelo de la ermita, para dormir, mientras el fraile se quedaba despierto rezando sus oraciones. Aún quedaban bastantes clérigos en el país, a pesar de que la fe en la religión se estaba perdiendo a pasos agigantados, pero eran buena gente, imparciales, y siempre con un poco de comida y un techo que ofrecer. Tifa y Raiden le echaron un vistazo al estado de Vsoho: Sudaba, y parecía que murmuraba algo, pero no le entendían. Comprobaron sus heridas; tenían mal aspecto, pero saldría de aquella. Salieron y volvieron al recinto principal, y se tumbaron. Tifa ahogó un gemido de dolor cuando apoyó el costado en el suelo. La lanza le había hecho una herida profunda, pero le importó más auxiliar a Vsoho que una herida como aquella, se curará, pensó. La noche era apacible y el silencio reinaba, tan sólo se escuchaba de vez en cuando el sonido de la brisa que algún día hubo pasado por su añorado mar...
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