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COMIENZA EL ESPECTÁCULO, 2ª parte.
Hoy otra vez. Mi tiempo aquí ha estado lleno de dolor y miedo. No puedo continuar. Espero que vuestras vidas sean más largas y felices que la mía. Posdata: Era broma. QUE OS JODAN. Arkón se guardó la nota, tiró el cigarro y se asomó a la barandilla. El mundo era frío y azul. Estaba en un puente sobre la autopista, justo en el cuello de botella que formaban el extremo de ésta y las calles que en ella confluían. A las ocho de la mañana, media ciudad se apretujaba en dirección al trabajo. Sacó el móvil en cuanto oyó las sirenas. -Cuando quieras. –dijo, y colgó. Esperó el momento agarrado a la barandilla. Tenía que ser perfecto. El camión de bomberos iba demasiado rápido para frenar. Casi lo tenía encima. Entonces corrió al otro lado del puente y saltó. El impacto lo hizo volar y rebotar contra un Hummer amarillo que derrapó quedando atravesado en la vía. El camión frenó con el parabrisas destrozado y una fila de doce coches se estrelló contra su parachoques trasero. Arkón vio al último rodar por encima de otro coche y caer de lado en el otro carril. Una moto de quinientos volvió a atropellarle y el conductor voló por encima del manillar. El Hummer, que maniobraba atascado, fue arrollado por un furgón de seguridad que salió de una esquina. Los coches se fueron amontonando. Los servicios de emergencia tardarían un poco más de la cuenta. Arkón observó todo aquel acero y cristal destrozado desde una cuneta, con los brazos y piernas doblados en ángulos extraños. Aún tenía las gafas puestas. Increíble. La gente salía gritando del ayuntamiento. Worbitt alzó la mirada a la humeante cima y subió la escalinata pensando que tenía que dejar el tabaco. Mientras el personal huía por el vestíbulo, un técnico electricista lo atravesó en dirección a la escalera de servicio. -¡Eh, usted! ¿Qué demonios se cree que está haciendo? Se volvió y vio a una recepcionista con los brazos en jarras. -Trabajar, señora. La electricidad está cortada y hay una docena larga de personas atrapadas en los ascensores. Y esas personas tienen móviles. La mujer pareció arrepentida de haberle hablado así. -Está bien. Dese prisa, el edificio podría... ya sabe... -¿Derrumbarse con nosotros dentro? Ella asintió y se dirigió a la salida. Hay que ver lo que hacen unas lentillas, una gorra y un bigote falso, pensó Worbitt. Por no hablar de cortar el cable adecuado. Un uppercut agrietó la mandíbula de Aton. -Esto es por volarme la casa. Un gancho de izquierda hizo volar sus dientes como metralla. -Esto es por echarme tus perros encima... Ya en el suelo, una serie de patadas le vació los ojos y la última lo envió rodando contra los restos del escritorio. -¡... Y ESTO ES POR JODER A MI FAMILIA, CABRÓN! Entonces Aton se revolvió e hizo un gesto con la mano. El mismo aire pareció explotar frente a Maníaco y le arrojó sobre un charco de combustible ardiendo. -¿Tu familia? No me hagas reír. -Se alzó lentamente -Si Dèjan te oyera decirlo, metería a su familia en un coche y los sacaría del país. Pisó algo redondo. Miró a sus pies y vio dos granadas. -Vaya. El Semtex rodeado de acero hizo caer yeso en todos los techos del edificio. Aton se elevó diez metros en el aire y cayó al vacío rodeado de escombros. Maníaco rodó por el suelo y luego se acercó al borde. Su cara era una hamburguesa con un solo ojo amarillo y casi sin labios. Aquello no se curaría. -Mi tessorooo, digo, ¡¡ESCRIBE CUANDO LLEGUES, CABRÓN!! Entonces la cabeza de Aton le golpeó la nariz como un ariete. Volaba sobre oleadas de energía creadas por sus manos y le apuntó con los índices mientras aterrizaba. El suelo empezó a estallar alrededor de Maníaco, que saltó al piso inferior por el agujero que habían hecho las granadas. -¡BANG, BANG, BANG! –gritó Aton en un raro momento de humor. Aquello prometía. Worbitt corrió por los oscuros pasillos quitándose el bigote y la gorra. Una vez frente a las puertas de la sección de seguridad, se puso las gafas y sacó un mando a distancia. Apretó el botón y todas las luces volvieron a encenderse. Sacó su tarjeta del Contest rezando porque funcionara igual de bien. Pulsó la clave con la fecha de nacimiento de su hijo: 110896. Las puertas se abrieron con un triunfal siseo de ciencia ficción, pero Dejan no entró. En cuanto vio a todos aquellos gorilas de negro, supo que se había quitado el disfraz demasiado pronto. A Aton le quedaba la ropa justa para taparse de la cintura a la rodilla y la verdad es que le gustaba ir así. Un egipcio de aspecto intemporal paseó por las desiertas oficinas. Círculos dorados crecían a cada paso bajo sus pies. Su dominio de la energía cinética no se limitaba a los objetos sólidos. Si quería, podía caminar sobre las aguas o hacer explotar el mismo aire en cualquier punto que eligiera. Miró a un lado y a otro. -¿Jugando al escondite? Veo que empiezas a entenderlo. Maníaco asomó por una esquina y le vació una escopeta del doce en un santiamén. -¡Son balas de pegamento, capullo! ¡Despídete de tu salud! Mientras se escabullía con una carcajada de gremlin, Aton notó que le costaba moverse. La sustancia que rezumaban sus heridas se estaba endureciendo como el cemento y empezó a marearse debido a la falta de riego. Se internó en el pasillo que formaban los cubículos de los empleados. -¿Y bien? -Frío, frío. Una mirada, y la oficina que estaba a su derecha estalló. Voló un cactus. -Tengo una pregunta y luego será demasiado tarde. ¿Por qué motivo creísteis que ibais a ganar? -Silencio. –Oh, sí, sé lo de vuestra pequeña conspiración. Aunque debo decir que no me esperaba algo tan directo. -Caliente. ¿Qué eres, telépata? Delante y a la izquierda, explotó otro cubículo. Un monitor TFT cayó al suelo. -¿Eso dicen ahora? Lo cierto es que llevo tres mil años estudiando el rostro humano. ¿Cómo iban a funcionar vuestros infantiles intentos de mentirme? Y reconozco a una criatura patética cuando la veo. Pobre niño perdido, no puedes evadirte con nada y te ves obligado a actuar, siempre a actuar. No me pondría en tu lugar por nada del mundo. ¿Vas a salir o no? -Estoy. Aquí. Mismo. Aton se giró en redondo e hizo estallar el suelo. Oyó el rugido del motor medio segundo demasiado tarde. Se volvió con el suelo brillando a sus pies y lo hizo reventar justo cuando Maníaco saltaba. La explosión lo estampó contra el techo, pero la motosierra voló rebanándole el brazo derecho, destrozó una ventana y cayó sobre Orlando Bloom justo cuando se agachaba gentilmente a firmarle un autógrafo a una niña. Mani se perdió la expresión de la niña, pero al menos vio cómo Aton generaba un nuevo brazo cada vez más gordo. Y tan venoso... -Macho, tú podrías acabar con el hambre en el mundo. Aton meneó la cabeza repentinamente mareado. Murmuró unas palabras en egipcio y arrojó el brazo seccionado al incendio que estaba creciendo bajo su nueva claraboya. -No blasfemes. -¿Por qué? A mí me encantaría que la gente se pegara por comerme la polla. -Mis antepasados acabaron con los comedores de carne, miserable. ¿Crees que yo, un faraón, mancillaría mi cuerpo de esa manera? Su mano se iluminó alrededor del cuello que chorreaba grasa humana e inexplicablemente se apagó. ¿Por qué se sentía tan débil? Maníaco le cortó el tendón, pasó por debajo de su brazo y clavó un cutter en la base del cráneo rompiendo la hoja. Un último estallido lo hizo atravesar una pared de cartón piedra, pero el trabajo estaba hecho. Aton se derrumbó como un fardo. El mundo se oscureció por la falta de oxígeno. -Vaya, vaya. Mira quién está jodido. Worbitt se arrastraba por el suelo. Tenía una brecha en la cabeza, el labio partido, las costillas moradas y los cristales de las gafas clavados en la cara. Su mano, manchada por la vejez, recibió el pisotón de una bota militar que giró haciéndola crujir. Siseó entre dientes a los dos cabrones que le sonreían bajo la luz del fluorescente. -Vaya con el abuelito campeón, no grita ni a tiros. -¿Qué me dice, jefe? ¿Se lo llevamos al alcalde? -Sí hombre, con el coñazo que son estos simulacros... Aún es peligroso, ¿no lo veis? Hay que reducirlo un poco más. Todos rieron a coro. El jefe, un gordo de metro noventa con uniforme paramilitar negro y gorra, fue hacia Worbitt mientras éste intentaba levantarse. Le agarró suavemente la mandíbula dolorida. El pelo le tapaba los ojos. -¿Qué me dices, viejo? ¿Has aprendido la lección? Si no la aprendiste cuando hice explotar tu casa, lo dudo. No es que importe mucho, claro. Hay que ser imbécil para andar metiéndose con el de arriba. Y por si te lo estás preguntando, me llamo Perón. Recio Perón. -¿Cómo... funciona el mundo, Perón? -¿Qué? -Cada vez... que un hijoputa quiere joderme... se pone a explicarme cómo funciona el mundo. Y otra cosa... -¿Sí? –dijo Perón acercando el oído. -No debiste atacar a mi familia. Una rápida sucesión de disparos de pistola atravesó el cuerpo de Perón y obligó a cubrirse a los otros cuatro. Dejan salió como pudo de debajo del cadáver y, todavía disparando, usó su tarjeta para abrir las puertas. Las cerró tras de sí con el arma descargada, intentó esprintar por el pasillo y sólo le salió un trote patético. Que llegue a la esquina antes de que salgan, pensó casi llorando. Déjame llegar y yo haré el resto. A quince metros de la esquina tropezó mientras las puertas se abrían a sus espaldas y se levantó para, al menos, poder mirar su estúpida sonrisa. Si podía, se la borraría de un escupitajo marronáceo. Pero no sonreían. Oyó unos pasos lentos y firmes. -¿Quién coño es ese? -¿Qué mas da? ¡Dispara, idiota! Worbitt trató de volverse, pero chocó contra algo. Su visión quedó flanqueada por dos enormes ametralladoras que empezaron a disparar como el puto martillo de Thor. Se encogió gritando como una nena y tapándose los oídos mientras los gorilas se retorcían bajo una lluvia de balas. Y el martilleo continuó. Los cadáveres fueron acribillados junto con todo el pasillo en una fina lluvia de sangre y yeso. Y el martilleo seguía. Los lanzagranadas tosieron y los cadáveres reventaron cubriendo el techo de vísceras. La onda expansiva volvió a derribarle. El martilleo cesó. Worbitt abrió lentamente los ojos mientras la artillería abandonaba su campo de visión. Al fondo, las puertas chirriaron y cayeron lentamente. Arkón dejó caer las M-249 al suelo y encendió un cigarro. -Siento la tardanza, tuve que ir a recogerlas. El ex detective le miraba sin poder creerse nada de lo que acababa de ocurrir. Él no tenía tanta suerte. -¿Ha habido algún problema? ¿PUEDES OÍRME? -Sí, sí, chaval, te oigo. –respondió aceptando su mano - Sólo era... un asuntillo pendiente. Ahora vamos. Voy a necesitar ayuda. La convulsiones sacudían su cuerpo. Habían pasado tres minutos. Otro más, y se convertiría en un vegetal. Maníaco había vaciado su bolsa en el suelo y le había clavado botellas rotas en el estómago para después sacarlas a tirones. Había utilizado el cutter para sajarle las costillas y las había separado con un gato de coche dejando el corazón expuesto. Aquel demonio calvo le había abierto el pecho como una verja oxidada y, loado fuera Osiris, le estaba lamiendo el corazón. Se relamió cual felactriz golosa y le palmeó el pecho mientras se levantaba. Retiró el gato. -No había conseguido hacerle esto a nadie. Gracias, tío, pero todo lo bueno se acaba. Además, es muy frustrante no poder oír tus gritos. En fin, que ha sido divertido. –lo levantó en brazos -Ya te llamaré . Y le arrojó al fuego. Mientras se dirigía al ascensor, el pelo de Aton ardió. Sus ojos se volvieron opacos. La grasa empezó a chorrearle por el cogote. Su mente se fue perdiendo en una llama blanca de dolor. Se preparó para morir atrapado en un cuerpo inútil que sin embargo ardería bien despierto. Acabar así, a manos de semejante escoria. Sus riñones pronto reventarían. Y al fin, el metal derretido salió de su cuerpo. Worbitt y Arkón eran dos siluetas negras en un bosque de fibra óptica. El primero resiguió un cable concreto y sonrió. -Ya. Pásame la caja de herramientas. Clonaremos el disco duro y nos llevaremos todos los cedés que podamos cargar. -ÁNGEL... Las rodillas de Maníaco estallaron. -ESTOY MUY DECEPCIONADO. Su mano derecha se infló cual sapo en el microondas y reventó. Aton se levantó desde la posición fetal y se acercó mientras su carne se regeneraba. El pegamento quedó pulverizado por una serie de estallidos. -Segregar veneno por tu piel fue muy inteligente, ¿pero esto último? Esto es justo el tipo de chapuza esperable en una alimaña barriobajera. -Qué puedo decir, Tutanmamón. Nadie puede ir contra su nat... –su brazo bueno se movió como una serpiente y Aton le sujetó la muñeca. Tenía un largo clavo apuntando a su cráneo. -Patéticamente predeci... ¡AAAAAAA! ¡AAAAAAAAAAAHH! ¡HIJO DE PUTAAAHH! Le había sacado un ojo con los huesos del muñón. Lo peor fue ver el ojo observándole entre los labios de Maníaco justo antes de que lo masticara y se lo tragara. -¡¡¡ANIMAL!!! El vientre de Maníaco voló en una gran explosión viscosa que lo lanzó contra el ascensor. Increíblemente, las puertas se abrieron con un ding. Su mano chirrió al deslizarse por el marco liso. Su columna, perfectamente visible a través del enorme agujero, crujió al partirse y una gran bocanada de sangre salió de su boca cuando se le clavó en los pulmones. Bajo las parpadeantes luces de emergencia, su único ojo le miró con una sonrisa. -Bu. Luego simplemente cayó. Aton oyó el silbido creciente del aire al pasar por el agujero y el golpe sordo que lo interrumpió. Se asomó y le vio allá abajo en un mar de sangre. Había aplastado la caja y se había empalado con los hierros del fondo. Aún sonreía. La estructura crujió y se apartó justo a tiempo. Las poleas del techo cayeron aplastando el cadáver y una tonelada de escombros lo sepultó. Los servicios de emergencia fueron llegando. Les extrañó ver una furgoneta de la Prometea (la compañía eléctrica de Aton) alejarse del lugar. Arkón conducía y Worbitt parecía hundido en su asiento. Ninguno dijo una sola palabra. Próximo: DESHIELO |
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¡Uf! Últimamente estoy como el conejo blanco, siempre mirando el reloj. Espero que esto encaje en la continuidad, porque ni siquiera he podido conectarme en la última semana.
COMIENZA EL ESPECTÁCULO Hoy. El sol entra a raudales en el despacho del alcalde. Es éste un hombre moreno, de complexión ligera, con el pelo tan corto y brillante que parece pintado sobre su cráneo. Aton lee, mejor dicho devora, los periódicos de la mañana a la misma velocidad que pasa las páginas. Suena el interfono. Suspira ante la primera irritación del día y aprieta el botón. -¡Señor, tiene que...! -Ahora no, Águeda. –dice estirando el ABC. Entonces su sonrisa se diluye, baja lentamente el periódico y ve el F-18 que está llenando su campo de visión. -...No. La explosión es visible desde las Baleares, revienta los cristales de toda la zona y pulveriza el techo. La ciudad queda en silencio. La gente sale a las calles, se asoma a las ventanas. Lo impensable ha ocurrido. En el despacho, el fuego ruge en oleadas. El metal llameante se agita y se aparta con un estallido que derrama fuego alrededor del edificio. Su despacho parece la cima del mundo, se ha convertido en Stonehenge. Sólo quedan los pilares metálicos en los que se habían apoyado los cristales. Que se prepare quienquiera que lo haya organizado, piensa apagando las llamas de su ropa. Porque lo buscaré hasta... El asiento eyector le cae encima y lo aplasta. Maníaco se suelta los cinturones y arroja lejos una bolsa de mano. -No creerías que había pasado lo peor, ¿verdad? La noche anterior. La Zona Gris estaba entre dos clubes cuyas puertas daban a calles distintas. El Eros era un lugar elegante en el que sonaba música de jazz y los monitores emitían sofisticadas imágenes porno de Andrew Blake y Michael Ninn. El Tánatos era un garito gótico bastante bien ambientado con Nightwish, Lacuna coil y Rob Zombie a los altavoces. Cualquiera que se dirigiera al fondo de su local favorito acababa entrando en un reino en el que se daban la mano el cuero, el látex, la ortopedia, el nacionalsocialismo y la tortura medieval. Y allí, sentados a una mesa cercana al escenario, había tres hombres. El primero era, en pocas palabras, un hombre gris. Su pelo, su abrigo y su presencia eran grises, pero bajo aquella carcasa estaba maldito por la lucidez y la perspicacia. El segundo era un americano joven, duro y bronceado por el aire libre. Llevaba siempre gafas de sol y cazadora vaquera. Demasiado amor y demasiada muerte habían ido congelando la expresión de su rostro. El último era un histrión, un vampiro psicópata con chaqueta de cuero y una rugiente camiseta de Iron Maiden. -Así que no volaste nuestras casas. –dijo Arkón. -Y eres tú el que tiene a mi familia. –añadió Worbitt. -No sabía que pudieras pegar tan fuerte, viejo. –respondió Maníaco palpándose la brecha del pómulo. Worbitt y Arkón se miraron y éste último dijo lo obvio. -Oye, yo no te conozco tan bien como él, así que dime. ¿Qué te has hecho en la boca? ¿Por qué te rajas el antebrazo? ¿Qué le has hecho a Lobeznosa? -Hombre, de la lobita te digo desde ya que no sé nada. Esto mola, ¿eh? –mostró una horrible sonrisa de tiburón- Castillo me disparó en la boca, así que me los igualé todos con una lima. Y lo del brazo es porque no me dejasteis hablar. Con tanto amor se me han soltado algunos puntos. Aton no ha secuestrado a tu familia, Dejan, pero sí que se ocupó de volar tu casa. El resto fue puro teatro para tenernos mirando en la dirección equivocada. -¿Dónde está mi familia, Ángel? -Están en tu casa. Debajo de tu casa. Y están bien. Tú eres el más viejo que queda vivo en la ciudad. Dime, ¿qué había en Villajoyosa antes de que nuestro querido alcalde convirtiera las elecciones en una formalidad? Worbitt lo miró apretando los puños. Como sigas jugando a esto te voy a disparar en la cabeza, decía aquella mirada. -Menos basura. La droga, el dinero negro y los tiroteos vinieron después. El pueblo vivía de la pesca, pero se fue al garete con aquella prueba nuclear americana y... –aquí Maníaco alzó las cejas y al fin lo entendió -¿La Fosa? -Bingo. Tu casa se construyó justo encima de una de las escotillas. Ovidio se temía que lo descubrieras. Tú siempre lo descubres todo, por mucho que eso te deprima. -¿Qué cojones es la Fosa? –Arkón arrastraba un poco las palabras. -La madre de todos los refugios antinucleares. –contestó Worbitt -Lo construyeron en los cincuenta para albergar a toda la población. -He explorado esos pasillos y es un vacío grande de cojones. Lo más interesante que encontré fue un túnel excavado en la roca viva que debe llegar hasta Mirasierra. -Dick, muchacho, contrólate. –Worbitt miraba alarmado cómo desaparecía el whisky de Arkón. -Ta la mierda. ¿Ahí no hay un yacimiento arqueológico sumerio? Maníaco asintió. -Allá abajo hay una puerta de piedra destrozada. Detrás hay otra aún más antigua, lisa e intacta. Lo único que entendí de todo aquel griego antiguo es la palabra ALEXANDROS. -¿Griego antiguo? ¿Y cómo sabes que es más vieja que la otra? -preguntó Worbitt. Maníaco se encogió de hombros. -Lo único que sé es que Aton protege ese agujero como oro en paño pero al mismo tiempo no se atreve a bajar. Nadie ha removido el polvo en años. -Todo eso está muy bien –dijo Arkón terminando su botella -, pero a mí me interesa más lo que podemos hacer contra él ahora. Vale, lo hemos calado, ha intentado matarnos, ¿y qué? Tiene un ejército de guardaespaldas, contactos militares y poderes hasta en el culo, no importa lo loco que esté. Y últimamente no sale de su rascacielos. -Tenemos que averiguar más sobre sus planes, saquear sus bases de datos. -Vale, que levante la mano el que sea un hacker. Los tres se quedaron callados. En el escenario, dos mujeres le hacían a un hombre algo que Worbitt intentaba desesperadamente no mirar. Tenía que ver con un catéter y un traje de buzo transparente. Arkón había sido listo sentándose de espaldas. Maníaco los miró fascinado y se volvió cuando Worbitt, incapaz de soportar la expresión de felicidad del tipo, habló de nuevo. -Todos hemos visto su ordenador. No está conectado a la red, sino a una biblioteca de cedés con un brazo robotizado. La cuestión, entonces, es acceder físicamente a su terminal o robar todos esos discos. -Claro, seguro que no se da cuenta. –refunfuñó Arkón. -No si le distraemos. En cuanto termine esto, me voy a robar un trailer y luego a la base aérea. -¿Para qué? Maníaco los miró como si fuera algo obvio. -Necesito una distracción para la distracción. Arkón se fue apresuradamente al baño. Worbitt lo miró fumando. -¿Laxante? -Cristal rayado. -Angelito, estás hecho un cabrón. -Sí, ¿verdad? –De repente parecía triste. |
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han mas solo que la una
Conducidos y guiados por las entrañas del Destructor Imperial, Han Más Sólo y Chewbacca llegan al hangar THX 1138. Ante sí veían a decenas de ingenierios y soldadores imperiales dando retoques al Halcón Milenario Bisiesto.
"¡Más arriba, esas torretas láser deben estar más arriba!Han, cabronazo, ya decía yo que el porno te iba a pasar factura un día de estos."Lando Calderissian estaba bajo la nave, revisando los circuitos de megahipervelocidad luz, ajeno a la presencia de Han y Chewie... hasta que nota un olorcillo a quemado en su entrepierna. "Me cagüenlaputa de Tatooine..."La frase de Lando se interrumpe al ver quien sujetaba ese soplete que le quemaba las pelotillas. "Sinvergüenza, cabronazo, pervertido... me alegro de verte vivo, Han. Chewie, tambíen me alegro de verte" <Más vale que no me hayáis jodido conexiones, me llevó 5 semanas configurar todo>Chewie gruñía y hacia un gesto de saludo a Lando. "Chewie, te aseguro que ni notarás que han hurgado en la nave, te lo juro. Han, me entere de la explosión por tu suegro. Perdí una gran cantidad de créditos jugando con él y Tarkin al Sabbacc... y me tocó venir a por tí antes de que muriériais en el espacio" "Bonito detalle, Lando, bonito detalle. Necesitamos algo de transporte para ajustar cuentas ahí abajo y luego volver a Yavin 4 para... bueno, ya veremos si para los postres" "Hay una lanzadera imperial modificada. Diría que es la misma desde lo de..." "Endor"Han termina la frase, con el regusto a viejos tiempos. |
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Conforme abría la puerta, el sargento de bomberos "Phoenix" Peck tuvo que hacer un esfuerzo para taparse con su chaqueta. El frío que emanaba la sala de necropsias del hospital era tan intenso que podía notar como le recorría el esqueleto de punta a punta.
Contemplando los gélidos cuerpos dispuestos sobre camillas metálicas metódicamente ordenadas, Phoenix se dirigió hacia el centro de la sala mirando las etiquetas que colgaban de sus pulgares con una macabra curiosidad. No pudo evitar sentir lástima por aquellos pobres bastardos que solo tenían escrita una sucesión aleatoria de números. Ni a la propia muerte le interesaba sus nombres. "Ah, ¿así que usted era la inoportuna visita?" "Sargento Peck, departamento de bomberos" "Bianca Spadda, pero supongo que eso ya lo sabría" "¿La pillo en un mal momento?" "Creo que soy la única de está sala que no esta atravesando un pésimo momento, Mr Peck, ¿Qué desea?" El sargento sacó una grabadora de su chaqueta mientras miraba a la pared con una sonrisa socarrona. "Curioso cartel para una morgue" Entre los amarios de blanco aséptico, podía verse un poster enorme en el que se anunciaba el "XXIII Festival Erótico y de Cine Porno de Villajoyosa" "Eso. Mis compañeros a veces confunden lo divertido con el mal gusto, pero por favor, no me diga que ha venido aquí solo para hablarme de cine, porque le aviso que soy toda una experta" "Señorita Spadda, si no me equivoco, su departamento ha sido llamado a testificar en la acusación contra Industrias Tecth" "Así es" "¿Puede hablar sobre ello o ha hecho juramento de confidencialidad?" "Pregunte sin miedo, no he sido llamada al estrado" "Bien, porque esa es precisamente una de las cosas que me inquietan, porqué han dejado fuera del juicio a la persona que realizó las autopsias" Continuará.... |
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¿Debo suponer que por fin conseguisteis infiltrar a alguien entre los rebeldes?
¡¡Infiltrados!! Cada vez me gusta mas la historia de Lobeznosa... |
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En los aposentos privados del Rey Atonman...
Un hombre de cabello casi gris tamborileaba con los dedos sobre la gigantesca mesa de roble, pero sin perder la compostura. Iba vestido a la manera de caza, con cuero de la mejor calidad, coleto de piel de búfalo y botas de ante. Sin embargo, nadie le habría distinguido de los demás nobles, de no ser por la corona de oro con filigranas plateadas que adornaba su cabeza. Observó la habitación con gesto jocoso. El narcisismo de Atonman le delataba como decorador. Había cubierto la habitación de espejos de todas formas y tamaños. Se acercó al más grande, cuyo marco era de puro oro batido y lo escudriñó con interés, mientras la joven sirvienta que le habían asignado le seguía como un perrito faldero. La miró de reojo. Llevaba un vestido escotado e insinuante, y su pecho subía y bajaba a una velocidad alarmante. Definitivamente, no era una profesional. Probablemente una de las jóvenes de los alrededores que había tenido la suerte (o la desgracia) de entrar al servicio de Atonman en lugar de encontrar su final en el filo de una espada. Lo cual no hacía sino aumentar su atractivo... Aquella noche sería suya, por las buenas o las malas. Pero ahora tenía necesidad de tratar asuntos más importantes. ¿Dónde se había metido el maldito Atonman? Podía ser orgulloso en exceso y pecaba de recelo, pero nunca lo habría tachado de impuntual. Justo en aquel instante, como si le hubieran leído la mente, la puerta se abrió de golpe, y un agitado pero impecable Atonman la atravesó seguido por Sata. La asesina le guiñó un ojo al tiempo que se colocaba tras el monarca. Han se permitió hacer una leve inclinación de cabeza como respuesta. - Rey Atonman. - Rey Solo. - ¿Me permitís preguntar qué es lo que os ha entretenido, que lo considerabais más importante que nuestra... reunión? - Un problema de plagas.- dijo sonriendo ladino.- Pero, con algo de suerte, quizá esté solucionado para mañana al amanecer. Han asintió con suavidad. - ¿Debo suponer que por fin conseguisteis infiltrar a alguien entre los rebeldes? - Mejor. Tengo a uno de ellos. En ese instante llamaron a la pueta con musicalidad. Atonman miró inquisitivamente a su aliado. - Ah... debe de ser mi emisario. Esto os interesa.- dijo Han. Un hombre de piel amarillenta y sucia y taparrabos de tela verde entró en la habitación. Hizo una reverencia y después esbozó una sonrisa pícara: - Mi señor... Rey Atonman... os presento a Jack la Sombra, rey de Arkham. Vuestro nuevo aliado. ____________________________________________________ Varios pisos más abajo, en las mazmorras... Una mano fría humedecía su frente. Le escocía la piel, y notaba los labios hinchados y la lengua reseca. La fiebre le subía y bajaba sin cesar, y notaba sus músculos y huesos soldarse y regenerarse. Demasiado lentamente. Demasiado dolorosamente. Por fin consiguió abrir los ojos un poco y la vio. - Estás... viva..- trató de sonreír, pero se dio cuenta de que era incapaz. - Sí, sí que lo estoy. Pero tú a duras penas. Eres un necio. ¿Por qué dejaste que te torturaran? Lo saben todo. Los primeros están empezando a llegar. Y aunque sean enemigos de Atonman, eso no significa que sean amigos nuestros.- Arkón giró la cabeza, sin comprender. - ¿Quién...? - Los huelo. Son esos monjes locos del nuevo orden de Alea Terrae. –Lobeznosa se encogió al notar las heridas. Sus manos estaban en carne viva, y varias uñas se habían desprendido.- Pero eso no es lo peor, Arkón. Tienen a Worb.- una lágrima de rabia asomó a sus ojos.- Le he visto, está en una celda cercana. Han usado cadenas de magia arcana. No puede ni moverse. - Lo sé. Lo arriesgamos todo por él y se deja capturar por unos simples soldados. Atonman no tuvo ni que ensuciarse las manos...- cerró los puños con ira.- ¿Y... y Lobeznoso? Era el más poderoso de nosotros, debe de haber algún modo de avisarle.- Arkón trató de levantarse, pero ella se lo impidió mientras negaba con la cabeza. - No. Murió en las Llanuras de Hielo. Atonman me ha traído pruebas. Todos y cada uno de los nuestros. No queda nadie. Estamos solos. - No del todo.- dijo una voz de repente. Lobeznosa se asomó a la celda contigua y vio a un joven rubio sentado en el suelo.- Creo que esto es para vos. Aquí el amigo- sonrió señalando a Arkón.- me lo dio por si no vivía para contarlo.- La chica lo agarró y lo miró con curiosidad. - Arkón, esto... ¿qué es? - Yo... ni idea. Creí que tú lo sabrías. Worbbitt me lo dio una vez. Dijo que cuando todo estuviera perdido, cuando no pudiéramos hacer nada más... te lo entregara. Lobeznosa emitió un gemido y trató de abrirlo. Cuando lo consiguió, miró lo que había dentro. Un frasquito. Lleno de un líquido rojo. Sonrió como la loba que era. - Worbbitt... sabía que tú no caerías tan fácilmente. Se lo llevó a los labios, pero antes de beber, se giró y les miró. - Esto no va a ser agradable... me disculpo por adelantado por si después no soy capaz. - ¿De qué habláis, señorita?- Conter se levantó y se acercó. - De que si hago algo raro, caballero... Y dado que soy una “señorita”... no me lo tengais en cuenta. Bebió de un trago el contenido del frasquito y notó cómo se extendía por su cuerpo una llama abrasadora. Cayó al suelo retorciéndose, pero cuando Arkón se acercó, le echó a un lado. - ¡No! ¡¡No... te.... acerques!! ¡¡¡AAAAAAAARGGHHHHH!!!- fuego en su garganta, frío en sus venas. Y donde antes había estado ella se alzó una criatura de tres metros de alto y cinco de envergadura, de un color rojizo metálico y ojos verde pálido. - Creía que los dragones habían desaparecido.- susurró Conter desde un rincón de su celda. |
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De todas formas, Arkón, tú eres un rebelde y tu voto no es computable.
Ya, pero no te creas que a mi me gusta ser el tipico que nunca esta de acuerdo con las propuestas del jefe. Solo que pienso que si una cosa va bien, o algo bien, no hay que buscarle muchas complicaciones. |
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La verdad es que la idea era continuar todos una misma historia, hubiera por donde hubiera quedado el último capítulo... pero han resultado varias tramas abiertas y cosas por leer que a veces se hace complicado seguir todo (a no ser que tengas bastante tiempo libre y entres al foro dos veces al día para echarle al menos 10 minutos). Menos mal que Worbbitt se pone a resumir las cosas y a recopilar todo lo escrito para pasarlo en word, que si no, no me hubiera leído ni la mitad.
"Si vemos que el Contest se va convirtiendo en una bola de nieve" Quizás ya se haya hecho un poco bola, pero tampoco estoy por la labor que la gente que ya tiene pensada su saga (y posiblemente, escrita) empiece con cortes y con prisas. Por eso yo veo bastante compaginable las dos cosas, el torneo y las sagas abiertas (muy buenas, por otro lado, de ahí que sea una pena cortarlas o reducirlas drásticamente). De todas formas, Arkón, tú eres un rebelde y tu voto no es computable |
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Sin animo de ofender, a mi la idea no me gusta. Si vemos que el Contest se va convirtiendo en una bola de nieve vamos acortando como Bret Rattner en X-Men 3 y hacemos un trascurso final con mucha acción y emoción que con el tiempo termine gustando a todos.
Y si no me da igual. Pero como principal inconveniente veo que aqui cada uno se monta su Contest War. |
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han mas solo que la una
Propongo un CONTEST WAR ARMAGEDDON,todos contra todos hasta que que las adorado,sobreviva,con dos cojones.
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Me parece bien... sería organizar el torneo (somos 8, 16 ó 32, por cierto? sería Pro contra Anti Atons? el punto de partida sería por donde va ahora el Contest-War? hay que perfilar la idea) y al mismo tiempo seguir con las tramas ya escritas que la gente ha hecho con toda su buena intención y esfuerzo para rellenar la semana de combate de cuatro semanas por combate, para cuando ya hemos votado prácticamente todos...
Esto va a ser como Gran Hermano, un verdadero concurso de popularidad... mola! (caeré el primero, jeje). Por mí, bien... si hay torneo nuevo, aquí estaré, como siempre y desde el primer día del Contest!! Viva el Contest (vosotros: VIVA!!... como en Semana Santa y esas cosas, jaja) |
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Vamos a ver.
La particularidad principal del Contest son los torneos entre personajes de todo tipo (principalmente de cómics, pero poco a poco iremos dando paso a todo bicho viviente, como ya vimos en el tercer torneo con los de cine), un combate por semana (sí, esto puede sonar sarcástico, lo sé) o dos y vencedor total del torneo, los cuales se tienen en cuenta (por ahora son Pícara, Masacre y Batman). Por lo tanto, teniendo en cuenta que llevamos días, semanas y meses con una enorme macrosaga que va a tener poco que envidiar en longitud a los best-sellers más gordos: La Contest War, he decidido que va siendo hora de que entre un nuevo torneo, que esto se alarga demasiado y se va convirtiendo en una tremenda bola de nieve que no hace más que agrandarse más y más sin un rumbo fijo. Así pues, he tenido una idea que pretendo expresar por aquí para conocer vuestra opinión: ¿Qué os parecería un torneo DE LOS DE SIEMPRE donde los protagonistas sean los de la Contest War para finiquitar dicho evento? De esta manera cada uno podría aportar su propia Contest War sin tener en cuenta la de los demás y siguiendo los combates con sus respectivos resultados finales. Aunque claro, esto no es obligatorio, de hecho es totalmente accesorio y cada cual puede hacer lo que quiera, combates individuales separados si es preciso. Hacemos esto o bien pido alguna otra idea para finiquitar de una vez por todas la Contest War como sea, no es preciso que sea en dos días (ni mucho menos, mínimo dos meses, por caridad) pero ya va siendo hora de darle algún sentido, por lo menos un rumbo y un final, vamos digo yo. Vosotros diréis, tendré en cuenta vuestras opiniones pero no os hagáis de rogar, por favor, no os cortéis. Orden en la sala. |
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han mas solo que la una
desde Latveria
, preparando los cimientos de la nueva era...
-- Domingo, 5 de Noviembre de 2006 a las 17:25.
Han Más Sólo Que la Una y Chewbacca despiertan en una especie de calabozo, un calabozo que Chewie recuerda de cuando estuvo preso en aquel destructor imperial donde conoció a Han Mas Solo. Eran tiempos de tiranía y expansión de poder de un Imperio naciente. Dos hombres, vestidos aún con ropajes que dejaron de llevarse y que Han Más Sólo llegó a lucir, se presentan en la puerta del calabozo.
"Capitán Más Sólo, Lord Vader le espera en la sala de mando" "No me llamen Capitán, hace tiempo que dejé de llamarme así, y siempre que me lo llaman no es por nada bueno, salvo que la causa lo sea" Tras seguir varios pasillos, Han y Chewie llegan a la sala de mando, donde una figura cobra forma holográfica, una figura temiblemente familiar. "Veo que has despertado tras tu acoplamiento. Tienes buen aspecto para ser consorte de la presidenta de la República" "Suegro, me sorprende que no esté aquí para restregármelo personalmente" "Sabes, al igual que Luke, que no necesito estar en persona para ejercer mi poder ante quien ose contravenirme" Han se tornaba serio, pues había oido de boca de Luke, como su padre ponía orden en las filas Imperiales, y Vader no mentía al decir eso. "Digamos que me ha hecho un favor, suegro. Ahora cuénteme como ha sabido lo de..." "Tuve un mal presentimiento sobre tu estancia en la Tierra. Eso... y cierta información de alguien a quien antaño llamé... maestro" "¿Sabes quien fue quien colocó la bomba?" "Lo sé, su nombre es Jack Ryder, conocido como The Creeperillas. Reside frecuentemente en Arkham Asylum en Villajoyosa. Tu Halcón Milenario Bisiesto está siendo reparado, y añadiéndose mejoras avaladas por mí" "¿Mejoras?¿Cómo te atreves a meter mejoras en la nave sin consultarme?" "Lando Calderissian no puso objeciones a las mejoras. Le encontrarás en el hangar THX 1138"El holograma desaparece. |
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Lobeznosa
-- Viernes, 3 de Noviembre de 2006 a las 20:08.
En la otra celda. Mazmorras del castillo.
Arkón abrió los ojos poco a poco, y las náuseas le invadieron. Vomitó en un rincón antes de tratar de levantarse. - Vaya, os despertáis, soldaducho...- dijo una voz desde la oscuridad. - ¿Quién osa...? - Sería mejor que abandonaseis la jerga caballeresca para quien le importe. En esta celda no hay honor.- un joven rubio salió de las sombras. Una barba incipiente asomaba en sus quijadas y sus ojos eran cada uno de un color distinto. Observaba al ex-capitán con desprecio.- La verdad, todos los que obedecéis al rey me parecéis escoria, pero tú además eres un traidor... la escoria de la escoria... - ¡No te atrevas a...!- Arkón se llevó la mano al cinto buscando su espada, sólo para descubrir que no estaba allí. El joven se carcajeó y le miró desafiante, y Arkón notó la rabia burbujear en su interior.- Puedo matarte con mis propias manos. - Ya me gustaría verlo... “Pero debéis estar cansado... Por favor, sentaos.”- su voz sonaba diferente. Ya no era burlona, sino que tenía un tono dulce y melancólico. Arkón notó que de verdad le apetecía reposar, pero no iba a dejar así como así un insulto...- “Vamos. No es ofensa si no hay ofendido. Descansad.”- finalmente se sentó a regañadientes. Una vez lo hubo hecho, se dio cuenta de que algo no iba bien. - ¿Pero qué...? ¡Tú! ¿Qué brujería es ésta? - Oh, ¿esta tontería? Puedo incrementar los deseos de la gente y sugerirles cosas. A veces, si me concentro lo suficiente, puedo obligarles a hacer algo.- se levantó, y Arkón pudo ver que no era tan joven como le había parecido. Enormes ojeras asomaban bajo sus ojos, y su piel estaba curtida debido a largos días cosechando bajo un sol abrasador.- He vivido toda mi vida aquí, en Acquerya. Cuando vuestro señor llegó y conquistó por la fuerza, sólo quedamos unos pocos. Traté de comenzar una rebelión, ayudado por mi don. Antes no tenía necesidad de utilizarlo, pero los vuestros cambiaron mi modo de ver las cosas. Arkón le miró sarcástico. - Un poder útil. Pero estoy aquí por tratar de liberar a los que me importan, también. Así que no considero adecuado que me faltéis al respeto de ese modo.- recibió una mirada escéptica del rubio como comentario.- ¿Hay alguna forma de salir? - ¡¡Ja!! Si la hubiera, hace mucho que yo habría huido. Yo y muchos más. Pero Atonman es duro. Y sabe lo que se hace. No creo que duremos mucho más antes de que nos ejecute... Y menos ahora, que el rey Solo está aquí. - ¿Ha venido? Imposible. Yo soy capitán de la guardia y no se me informó de nada... - Querréis decir que lo erais. De todas formas es una visita secreta, y no precisamente de cortesía. Se dice que podría ser el fin de la alianza.- Arkón abrió la boca y se olvidó de cerrarla. - P-pero... En ese caso ha sido muy temerario por parte de Solo venir sin su ejército. ¡Atonman no debe ser tomado a broma! - No será tocado mientras esté aquí.- contestó el joven con una sonrisa cínica.- De eso se encarga su “presente” a tu monarca. Esa... Sata. Es peligrosa, y sus lealtades yacen en el mismo lugar que sus ingresos. El rey Solo simplemente chasquearía los dedos y tendría la cabeza de vuestro bienamado Atonman en bandeja de plata. Arkón entrecerró los ojos. - ¿Quién sois vos? Sabéis demasiado para ser un simple campesino... - Y vos sabéis demasiado poco para ser capitán. - Digamos que nunca me he llevado bien con la autoridad... ni siquiera formando parte de ella. Pero sé más de lo que-- ¡¡¡¡SLAMMM!!! Un fuerte portazo siguió al sonido de la cerradura metálica abriéndose. Arkón se acercó al joven deprisa y puso un medallón en su mano. - Si no volviera con vida, buscad a la chica lobo y entregádselo. Decidla que siento no haberla protegido mejor. Y decidme vuestro nombre. Quiero saber a quien deberé algo, en esta vida o la otra. - ¿Pero cómo sabéis que no vienen a por mí? Podría ser que-- - Sólo lo sé. Hacedme caso. ¿Vuestro nombre? - Yo--... Conterian. Justo en ese instante se abrió la puerta y un rayo de luz penetró en el habitáculo. - Vaya, vaya, vaya... dos venganzas por el precio de una. Arkón, ¿verdad? Nos conocimos hace mucho, no sé si me recuerdas...- Arkón se llevó la mano automáticamente hacia el esternón. La cicatriz... estuvo a punto de costarle la vida, y durante un tiempo la escondió. Ahora exhibía sus heridas de guerra con orgullo, y nadie nunca le había preguntado de dónde procedía aquella. - Maníaco.- dijo con rabia.- Hace mucho, sí... pero veo que la basura siempre acaba donde debe... con los suyos. Ella escogió bien. - ¡¡ELLA NO ESCOGIÓ!!- Maníaco perdió los estribos por un instante. Se pasó la mano por el pelo y habló de nuevo, sin rastro de enfado.- Tú te la llevaste. Yo la quería para mí, la hubiera tratado bien si ella me hubiera entregado lo que quería... Pero noooo... quería al rebelde. Y ya ha empezado a pagar por ello, escoria. Arkón notó que los grilletes le pesaban más que nunca mientras el torturador le arrastraba hacia las profundidades de la mazmorra, pero mantuvo la cabeza alta y el gesto desafiante. Y en ese instante unos ojos verdes se cruzaron con los suyos en el pasillo. - ¿¿¿TÚ??? ¡¡¡CÓMO HAS PODIDO!!! ¡Lo arriesgamos todo por ti... todo... y te dejas capturar por la infantería ligera, Worbbitt! No recibió contestación. |
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"RESPONDA CON UN MOVIMIENTO DE CABEZA O NO RESPONDO DE MIS ACTOS."
Diosssss.... Totalmente delirante... y encima SALGO YO!!! CREEP TE KIERO!!! Jajajajajajajaj... Besoteees. |
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Mi blog está a punto de cumplir las 100.000 visitas. De hecho supongo que lo hará en el transcurso del día. En el enlace de abajo hay un post que puse el otro día con el premio que daré a dicha visita.
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The Creeperillas
desde Arkham
, Mi caasaaaa...
-- Jueves, 2 de Noviembre de 2006 a las 01:34.
En algún lugar frío
Abrió lentamente los ojos. La luz de un sol más frío que la propia nieve entraba a través del sucio cristal y le bañaba el rostro. De alguna forma, en cierta incómoda manera, le reconfortaba. Trató de recordar. ¿Dónde estaba exactamente? Se sentía confusa, los recuerdos se mezclaban con los sueños. Ni siquiera estaba segura de encontrarse en forma humana o animal. ¿Qué le había pasado? Recordaba... <<Te han hecho daño. Nos lo hicieron. No más>> ... recordaba una montaña que le hablaba... recordaba... el ente dorado cogió a la apenas humanoide entre sus brazos... ... no lograba recordar nada más... ¿Cómo había llegado allí? Se incorporó. No reconocía el lugar. ¿Estaba soñando? ¿Deliraba? No lograba... -¡... oriiita Lobeznosaaaa! -canturreó de pronto una voz en la distancia. Se levantó y trató de mantenerse en posición de alerta, pero la cabeza aún le pesaba. ¿Qué diablos le había pasado? ¿Estaba ya despierta, o...? -¡Telegraaama musicaaal para la señoriiita Lobeznosaaaaa! -entonó de repente una voz cantarina, y un hombre rollizo y sonriente vestido de uniforme abrió la puerta de golpe y adoptó la multiculturalmente aceptada posición de "tatachán". Lobeznosa pestañeó un par de veces. Vale, estaba soñando. Era la única explicación lógica. No podía estar despierta. Por todo lo más sagrado, por favor, que no estuviese despierta... -... ¿perdone? -fue todo lo que aventuró a decir. El cartero se aclaró la garganta y repitió su cántico. Ahora que estaban los dos en la misma habitación, la cantinela estaba taladrando el cerebro de Lobeznosa. -Tiene... tiene que ser un error... -¡Espeeero que noooo! -canturreó el cartero con gesto incómodo pero sin perder la sonrisa bonachona-. ¡He veniiiido desde Villajoyoooosa en biciiiii! Vale, ese hombre era tenor. Ya estaba claro. -¿Ha dicho desde Villajoyosa? ¡No, por Dios bendito, no me lo cante, sólo responda con un movimiento de cabeza! ... entiendo... ¿Puede darme el telegrama? -¡Lo lamento, señoriiitaaaa, pero es mi obligacióoon recitarle el telegraaamaaa con foorma de cancióooon! Mira qué bien, por lo menos ésta rimaba. Lobeznosa sentía hervir en su interior un incontrolable deseo de desmembrar a ese tío, quitarle el telegrama de las ensangrentadas manos muertas (cuyos dedos, todo sea dicho, parecían un muestrario de longanizas), y librarse de toda esa tontería. Pero aún no se sentía lo bastante recuperada. Y a fin de cuentas, era un sueño. Tenía que ser un sueño. ¿Qué gracia tenía descuartizar a un sueño? -Está bien -dijo, resuelta a actuar con lógica-. La única forma de que usted se vaya y me deje en paz es que yo le permita cantarme el telegrama, ¿no es así? RESPONDA CON UN MOVIMIENTO DE CABEZA O NO RESPONDO DE MIS ACTOS. El cartero asintió. Ahora la sonrisa le llegaba hasta las orejas. Lobeznosa suspiró. -Muy bien. Muy bien. Esto es como quitarse una tirita. Cuanto antes deje de lamentarme por el sufrimiento venidero y me la arranque, antes podré lamentarme por el sufrimiento verdadero. Está bien. Deje que me concentre... -respiró hondo varias veces, tratando de reunir el valor necesario-. Vale, ya. Cuando quiera. Esta vez quien respiró hondo fue el cartero, dispuesto a llenar sus pulmones con aire suficiente como para cantarle toda la correspondencia personal de Frank Sinatra de una sentada. -¡Aaadiviiinaaa, aaadivinaaanzaaa! -comenzó, y acto seguido añadió con gran seriedad:-. STOP-. Acto seguido siguió cantando-. ¿En quéee se pareeecen uuuna montaaaña que haaablaa y uuuna ciudaaad que vueeelaaa? STOP. Y remató el aria que acababa de cantar con una teatral reverencia. Lobeznosa trataba por todos los medios de evitar que la ley de la gravedad se adueñase de su mandíbula. -¿Eso? -exclamó-. ¿Esa mierda era todo? ¿Una adivinanza? ¿Alguien ha pagado un telegrama musical para que venga en bici desde Villajoyosa hasta yo qué coño sé dónde estoy, sólo para soltarme una adivinanza completamente absurda? -Tal parece -respondió el cartero, esta vez sin cantar. -¡Anda, si resulta que sabes hablar sin soniquete! -Sólo cuando se acaba el servicio por el que me han pagado. Efectivamente, he venido en bici desde Villajoyosa hasta -Lobeznosa prestó atención a sus siguientes palabras con la esperanza de descubrir dónde estaba...- este sitio olvidado de la mano de Dios-... y la esperanza se desvaneció de golpe-, sólo para que le cante esta adivinanza. Lo grave era que el cartero seguía sonriendo. ¿Política de empresa? ¿Gilipollez incurable? -Muy bien, vale, muchas gracias, perdone por las molestias, me temo que no llevo encima para darle propina ni... -Oh, no se preocupe, no me hice repartidor de telegramas musicales por el lucro. -Pues no lo entiendo. Si me disculpa, creo que no tenía que haber salido de la cama. -Naturalmente, señorita. Como siempre un placer. ¡Telegraaama musicaaaaaaal...! Y se fue entonando su canto, para que cualquier otro primo que lo escuchara pensase que sería una buena idea mandar a alguien al banco para cantarles que no pensaba pagar tal o cual factura. Aún presa de la confusión, sin comprender qué era lo que acababa de suceder, Lobeznosa volvió a caminar hacia la cama. Si algún día conseguía que sólo le ocurriesen cosas normales, se prometió, debía anotar la fecha para celebrarlo cada año. ¡Y lo jodido es que encima el tío no cantaba nada mal! Cerró los ojos, dejando que su cuerpo descansase sobre el destartalado colchón, esperando tener un despertar normal la próxima vez y descubrir que en realidad nunca había estado allí, y cubrió su cuerpo aún desnudo con la sábana. ¿Por qué coño sonreía tanto aquél cartero? |
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"Aton (...) egipcio cabrón"
Jajajaja... menuda frase, nunca pensé que leería algo así. Muy buena esta continuación (y como te las has visto para poder matizar mi última frase, lo de llamar a Lobeznosa, ya que una vez leida la retro-continuidad perdía sentido). A ver como sigue "el espectáculo". P.D: Moríos de la envidia, caza-atons, que Papi me ha hecho un dibujo mega-hiper-chulo de mi personaje Raúl Cobain en esta Conest War. Gracias, tío, está muy wapo! |
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GTA Villajoyosa stories
AUGURIOS -Que alguien llame a Lobeznosa. Esto pronto se pondrá interesante. Los dos se le quedaron mirando. Arkón frunció el ceño. -¿A Lobeznosa? Qué huevos tienes, colega. Esa frase sonaría muy bien si supiéramos dónde anda. Y tú –dijo mirando a Maníaco y su bigotito- , ¿qué coño llevas en la cara? -Mi cara, ¿qué pasa? -No es tuya. -Ahora sí. Antes pertenecía a un tal Castillo, y ya que mañana es Halloween... -Dios. -No empecéis. –terció Worbitt- Ángel, ¿eres capaz de encerrar a Raúl? -Pues claro. Ya sabes lo que opino de los secuestros. -¡Sin hacerle daño! -Vaale. El despacho del alcalde ocupaba toda la última planta del ayuntamiento, un rascacielos cilíndrico en cuya base estaba el principal banco de la ciudad. Así todo quedaba en familia. Lo único que interrumpía los 360 grados de vista era el ascensor. Aton caminó pausadamente hacia el escritorio situado en el centro y, mientras pasaba, pulsó una tecla del ordenador. Contempló la brillante Villajoyosa nocturna. Treinta años de trabajo habían convertido un anodino pueblo costero en un gran centro de inversiones y turismo. -Infórmame, Sata. La pantalla mostraba una habitación amplia y un hombre esposado a una silla metálica. La barra del techo daba al conjunto un brillo cegador. A su lado, una mesa con instrumental quirúrgico. Un rostro enmascarado por gafas negras de placa se interpuso en el encuadre. -No hay nada que hacer. El interrogatorio químico no ha modificado ni una de sus respuestas. O bien Conter tiene un control increíble de sus reacciones, o su mente está tan fragmentada que realmente no distingue la realidad de sus propias mentiras. Escucha. A ver, despojo, ¿has hablado con algún miembro del Contest la última semana? Conter la miró dulcemente y respondió con voz de borracho: -Ehh... je, je, je. Nooo, tía, últimamente no he visto a nadie. -Como puedes ver, el polígrafo no arroja la menor variación. Y yo le vi ayer. -¿Sabes algo del paradero de Raúl Cobain? -Qué va, colega. -¿Cuánto son dos y dos? -Ehh... cuatro –el polígrafo saltó como si hubiera dicho siete mil. -Ya veo. Ponle un localizador y suéltalo. -Ya pensaba hacerlo. –Está bien. –dijo Aton apartándose de la ventana. Miró directamente el monitor. -Te diré lo que vamos a hacer... El apartamento estaba patas arriba y Arkón movía la cabeza como en un partido de tenis. Worbitt volvió a atravesar el salón en dirección a la cocina. Volvió a regresar al baño. Luego se dirigió otra vez a la cocina, se detuvo, examinó una prenda de ropa, la arrojó a un lado con un gemido y se sentó en el sofá con la cabeza entre las manos. -Aton. Tiene que haber sido él. Cabrón egipcio. -No hay ningún mensaje. -Esto es el mensaje. Se las ha llevado, ¿no lo entiendes? El que controla la esperanza lo controla tod... Ambos apuntaron con sus pistolas a la puerta. Allí había una mujer joven y seria que pasaba la vista de uno a otro. Era guapa, con rasgos exóticos y pelo castaño. Worbitt recordó que tenía una sonrisa preciosa. Ahora el miedo la hacía estrujar su bolso. -¿Sandra? –Worbitt apartó el arma de Arkón y ella desapareció- ¡Sandra, espera! La siguió por el pasillo. -Aléjate de mí. He venido a verte y estás bien. -Por favor... -Olvídalo. Acabo de recordar por qué llevo siete años sin hablarme contigo. -Intenta comprenderlo... -¡Me has apuntado con un arma! Worbitt la agarró del brazo y la obligó a volverse. Ella se retorció. -Hija, escúchame. La explosión de mi casa no fue accidental. Tu hermanastro está muerto, Carmen y Ariadna han desaparecido. -Razón de más para largarme. Se alejó por el pasillo y le gritó al borde de la escalera: -¿Qué se siente cuando te abandonan, eh? ¡¿Qué se siente?! Worbitt permaneció cabizbajo mientras Arkón se acercaba por el pasillo y le ponía la mano en el hombro. -¿Hija? -Estuve casado hace años, se llamaba Eiko. Luego fui a la cárcel y ellas se quedaron solas. -Pues no te ofendas, pero menuda zorra. -No, ella tiene razón. Siempre la ha tenido. Maníaco apareció por las escaleras y señaló a su espalda con el pulgar. -Oye, ¿ésa no era...? -Sí. -Vale, pues ahora que ya he encerrado al rubiales, voy a contaros lo que he estado haciendo... PRÓXIMO: EMPIEZA EL ESPECTÁCULO |
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Lobeznosa
-- Martes, 31 de Octubre de 2006 a las 16:23.
Más tarde, en el castillo...
Corrían ríos de cerveza y vino especiado. Tierna carne asada de venado y de los cerdos más cebados que pudieron encontrar. La música se elevaba hasta la inmensidad del techo, que se perdía en la oscuridad. Voces de soldados borrachos y rameras componían un coro de depravación y alegría. Una miríada de olores, sabores y sonidos abordaban a todo aquel lo suficientemente leal para haber sido invitado. Pero no todos se abandonaban a los placeres de la carne con tanta facilidad. El Rey se encontraba sentado en su trono de roble, observando, vigilando. En su rostro se pintaba una mirada de hastío y desprecio. Odiaba las fiestas. Giró la cabeza con suavidad. Allí estaba Sata, imperturbable como una roca, y más dura aún. De alguna manera que no alcanzaba a comprender le reconfortaba saber que no se movería de su lado a menos que se lo ordenara. No es que lo necesitara pero... No, definitivamente no sabía por qué. Quizá porque era la única en la que verdaderamente podía confiar. De pronto se levantó con suavidad, y todo el que estaba aún lo suficientemente sobrio se alzó al mismo tiempo para hacer una reverencia. Sin hacer ningún comentario, con las vaporosas telas del vetido de Sata pegadas a sus talones, caminó hacia la salida. - Que continúe la fiesta.- dijo ésta antes de abandonar la sala. Mientras descendían por una oscura escalera de caracol, apenas cruzaron una mirada. No les hacía falta. Un alarido se escuchó ahogado por el grosor de los muros de piedra. El ambiente en las mazmorras era agobiante, con el aire impregnado de un olor dulzón y nauseabundo a carne quemada. Carne humana. Entró directamente en una de las mazmorras, sin vacilar. Allí permaneció un segundo en el marco de la puerta, observando la imagen. El torturador estaba sudando como un cerdo, pero parecía pasar el mejor rato de su vida. Llevaba una máscara de cuero oscuro, que dejaba entrever su boca y sus ojos, en los que brillaba, como siempre, un reflejo demente... A su lado, sobre una enorme mesa de madera, había una mujer encadenada. - Ya no os creéis tan superior como antes, ¿verdad?- su tono, tan suave y cortés que daba grima, no contrastaba con su expresión.- Contestad. ¿No? Muy bien, creo que podemos continuar con los siguientes, milady.- comenzó a introducir astillas de madera bajo las uñas de su mano derecha. Atonman se inclinó para observar que las de la otra mano estaban ya repletas. La chica gruñó con rabia y le escupió en la cara. - No hablaré contigo, despojo. - Bien... bien, así nos divertiremos mucho más... Después de lo que me hicisteis no voy a tener piedad con vos... ni siquiera por una cara así... aunque es un desperdicio, la verdad... - Mi leal Angelo... mi mejor torturador...- el hombre se giró con velocidad sorprendente y apuntó con un cuchillo de proporciones descomunales salido de la nada a su inesperado visitante.- No tenía ni idea de que compartíais un pasado con la prisionera... - Atonman.- dijo con frialdad, mientras inclinaba la cabeza. - ¿Puedo preguntaros qué fue lo que os hizo que la guardais tanto rencor? Esbozó una sonrisa peligrosa, y lentamente desenganchó las correas de su máscara para dejar su cara al descubierto. Una persona con menos experiencia que el rey, o que Sata, hubiera dado un paso atrás al ver aquello. Una cicatriz atravesaba su cara, desde la ceja derecha hasta la comisura izquierda de su boca, lo que convertía su sonrisa en una mueca abyecta. Sin embargo, su rostro era atractivo... quizá demasiado... de una forma cruel y salvaje. - Vaya. Qué interesante.- comentó Atonman, mientras se masajeaba la barba con suavidad.- Creo que os podréis quedar a esta rebelde.- se humedeció los labios con un gesto apenas perceptible.- Cuando hayamos acabado con ella. Pero primero id con el otro, con el traidor. Quiero oír sus gritos desde aquí. Con una mal disimulada expresión de decepción, se dirigió a la otra sala mientras Sata avanzaba hacia la mesa de tortura. Sin mirar siquiera a los ojos de Lobeznosa, cogió un mazo oxidado que había en un rincón. - Y ahora, damisela, tenemos mucho de qué hablar... por ejemplo, de qué otros debo preocuparme.- dijo Atonman. Una sonrisa triste e irónica fue la respuesta de la chica-lobo cuando Atonman se echó a un lado y le mostró una figura que había al fondo de las mazmorras. - ¿Por dónde empiezo? |
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Yeah!!! jejeje... mi descripción te la sabes, no? Si no, ya te la pongo cuando vaya con menos prisa...
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Por cierto, buenas noticias para aquellos que están en mi bando, he tenido la idea de realizar unos dreamys donde se vean a los personajes que nosotros caracterizamos y solo los miembros reales del Contest tendrán derecho a tenerlos, así que ya pueden dejar una descripción física detallada para su realización.
Aun estáis a tiempo para volver al Contest. Es coña, pero por ahora solo ellos tienen prioridad. |
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Lo leísteis mal o yo lo escribí mal.
Las extremidades del Creeperillas no fueron reventadas hasta el punto de dejarle sin ellas, solo destrocé algunos músculos, no hice que saltaran por los aires, son como balazos en zonas concretas para evitar que pueda moverlas con comodidad. Espero que ahora quede mejor explicado, el Creeper (sí, sí, el CREEPER, jeje) no se ha quedado inválido. Y como veo que os ha afectado lo que le he hecho al pobre (no tanto, me tiene algo reservado que me da verdadero pánico), esperad a ver, no es el único que saldrá mal parado, así lo dice el Administrador. Orden en la sala. |
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The Creeperillas
desde Arkham
, Mi caasaaaa...
-- Martes, 31 de Octubre de 2006 a las 02:25.
bueno, y a todo esto, ahora que lo pienso... ¿NADIE va a decir NADA acerca del hecho de que YO he sido el PRIMERO en meterle una hostia A Aton? ¿Tanto guerra, tanto quejarse, y el primer puñetazo se lo he dado yo?
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The Creeperillas
desde Arkham
, Mi caasaaaa...
-- Martes, 31 de Octubre de 2006 a las 02:20.
"tampoco sé porque no chilló como un conejo cuando Atonman le sometía a tal tortura".
Porque es un jodido machote!! Te agradezco el voto de confitura, general Cobain, pero me temo que la explicación es bien distinta. No chillé como un conejo mientras Atonman me reventaba un brazo, dos piernas, el bazo y el ojo (ahora en serio, ¿para qué sirve el bazo, aparte de para que te lo extirpen?), porque chillar como un conejo ante semejante tortura habría sido lo normal. ¿Y cuándo me habéis visto a mí hacer algo normal? En cuanto a qué voy a hacer con (perdón) sin esas extremaduras... ¿se os queréis esperar, hombre, que todo se andará? (bueno, yo ahora mismo andarme lo que es andarme como que mucho no). Muy pronto todas las preguntas tendrán sus más preguntas. Próximamente aquí, en Contest of Champions. Rechace imitaciones. Rechace el original. |
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"tampoco sé porque no chilló como un conejo cuando Atonman le sometía a tal tortura".
Porque es un jodido machote!! Por cierto, me he leído las dos primeras partes de la obra de la Señorita Lobeznosa, y he de decir que litariamente, es una joya, además de tener ese punto tan original de llevarnos a todos a una época medieval (en plan 1602... tiene hasta el mismo juego de ir reconociendo a la gente). Esta chica se pone poco, pero porque es como lo verdaderos artistas... importa la calidad, no la periocidad. Mañana intentaré seguir leyendo lo que me queda. P.D: Me mola mi personaje viejuno, con bigote y en plan padre-maestro de cierto murciano quinqui (y con quien posiblemente mañana me tome una cerveza con él); sospecho que voy a morir, por cierto, jejeje. Soy un Gin-gon Jin en potencia |
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Bufff, Lobeznosa, digo lo mismo que Maníaco, sigue así. Que manejo de la narrativa... y además... ¡tengo una erección!
Bueno, espero deseoso la continuación. P.D.: Por cierto, Maníaco, igual que tú no entiendes lo de Atonman (que creo que no era como nosotros) yo no se que hará ahora el Creeperillas sin esas extremidades (¿Le crecerán otras, tal vez?) y tampoco sé porque no chilló como un conejo cuando Atonman le sometía a tal tortura. |
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Tranqui, Arkón. Vale, tú piensa en todas las sustancias que la gente puede tomar, esnifar o inyectarse. Hay medicamentos que ayudan a cicatrizar las heridas, hormonas, vasodilatadores, venenos, drogas que aumentan la fuerza, polímeros microporosos biodegradables que se ponen en el lugar de un hueso destrozado y luego lo dejan crecer a través suyo, todo eso... Yo soy inmune a los efectos secundarios, pero me beneficio de estas sustancias cuando quiero. Todo eso da vueltas en mi metabolismo provocando extraños efectos en mis órganos y en mi mente, potenciándome en general. No me regenero (por eso Lobeznosa tiene que perdonarme la vida en el hospital), como mucho me recupero muy rápido.
En cuanto a tu factor curativo, las cicatrices son simplemente residuos inorgánicos que tu organismo no puede eliminar, como tierra y fragmentos de metal. Lo que no entiendo es desde cuándo puede regenerarse Atonman. ¿No se suponía que era tan frágil como cualquiera? Lobeznosa, no es que sepa latín. Es que hay poca distancia entre Demens y demente, y como me lo han llamado tantas veces... |
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Pues sigo sin saber qué le pasa a Arkón conmigo.
Ná, hombre... tú me gustas Bueno, Loba, de momento solo me he leido las dos primeras partes... ¡Y si que molan! y eso aborreciendo el medievo literario (no, no puedo, me da un soporr...) que espero que pronto empiecen las hostias. Por otra parte, Maníaco, perdona que se note tanto que no uso tus habilidades en mi historia, pero es que aparte de que nunca termino de entenderlas (ni de saber como usarlas) quería una en plan "Secuestro Infernal" (con Ryan Philippe y Benicio del Toro) en la que los tiros cobrasen vida. |
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Lobeznosa
-- Sabado, 28 de Octubre de 2006 a las 23:37.
La culpa es SIEMPRE de Mani!!!! (Jejejejeje, no, en serio, gracias. Me gusta que os guste la historieta... es bueno que tus desvaríos sean bien recibidos.
Y en un principio el monarca no iba a ser Aton... pero bueno, quién mejor que él? De ahí la leyenda Infensus Demens... (has buscado la traducción o es que sabes latín, Mani? Bueno, ahí va otra entrega. Besotes!! |
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Bosque de Vila Joiosa. Hace unos instantes.
- Quieta, lobita.- jadeó a su lado una voz. Una voz que ella conocía muy bien.- No te revuelvas, no gruñas, no hables. O esto atravesará tu linda garganta.- dijo, mordisqueándola con brutalidad en el cuello.- Vamos. Contra el árbol. Lobeznosa se acercó con cuidado al árbol, mientras unas manos expertas le arrebataban todo objeto que pudiera usar como posible arma. Se entretuvieron más de lo necesario por el camino. “Oh, Dios. De esta no salgo.” Notaba el corazón de Arkón latir rítmicamente, sin alterarse. Pero ese latido sólo se alteraba cuando estaba a punto de asesinar. - Cuánto tiempo, ¿no, zorrita? Has jugado bien tus cartas... pero no creerías de verdad que no te iba a encontrar...- una sombra de desesperación cruzó el rostro de la chica, y sus amarillas pupilas se estrecharon. Arkón se carcajeó.- Ah... ¿por fin te das cuenta? No soy un chico con el que se pueda jugar...- acercó un poco más el puñal a la garganta de Lobeznosa, y al ver cómo ésta gañía y se asustaba aún más, notó como una suave erección comenzaba a crecer bajo su armadura. - ¡Capitán! ¡¡Capitán, tengo al mago!! ¡¡DEPRISA, VA A--! - Joder. Ni un momento de intimidad puede uno ten.... ¡¡¡¡SHAKA- BOOOOOOOOOOOOMMMM!!!! Y luego... luz, sólo luz. Cuando Lobeznosa se aclaró la visión sólo pudo ver fuego y llamas a su alrededor. Trató de incorporarse del suelo para descubrir que estaba rodeada. Varios soldados se acercaban. Aún no la habían visto, pero no tardarían en hacerlo. Y de pronto, una mano, cubriendo su boca. - Shhh. Calla. Puedo sacarte de aquí, pero tienes que estar en silencio.- Arkón la alzó en brazos y comenzó a andar en cuclillas hacia el interior del bosque. - ¿Por qu...?- él volvió a taparle la boca con una mano, y se llevo un dedo a los labios. Cuando llevaban un buen rato caminando, por fin la soltó. - Estamos lo suficientemente lejos como para que escapes, si eres un poco inteligente. No malgastes la oportunidad.- se giró dispuesto a marcharse cuando notó una mano en la suya. - Arkón. ¿Por qué me ayudas? Yo creí que... - Que iba a entregarte y a reservarme para ti una tortura bastante sádica...- sonrió con sorna. - Bueno, yo me habría ahorrado lo de la tortura.- Lobeznosa alzó una ceja, divertida.- Sólo quería decir, bueno... gracias. - No me des gracias tan pronto, loba... Esto me lo voy a cobrar tarde o temprano, ¿sabes? - Y tú sabes que no te lo pondré tan fácil cuando quieras cobrar, ¿verdad?- mientras hablaba se había acercado a él, y le miraba fijamente. - Bueno, bueno, bueno... Mirad lo que tenemos aquí, General Cobain. Tal y como os dije... Un pequeño traidor y su amante.- habló una voz. Su dueño parecía humano, pero su piel era de color amarillento, su pelo de un color verde pardo que parecía haberse extendido por su cuerpo, y lucía con gracia un zorro rojo en el cuello. - ¿Y tú quién demonios eres?- preguntó Arkón, desenvainando la espada perplejo. - Ohhh... Capitán, deberíais cuidar vuestros modales cuando habláis con un enviado especial del Rey Solo... Podría estar disgustado... y creedme cuando os digo que vuestro monarca toma más en cuenta la palabra de mi señor que la de un simple capitán de la guardia.- dicho esto, el extraño ser dio una voltereta lateral y se acercó sacando la lengua. - Maldito engendro... No eres más que un bufón.- Arkón alzó la espada y la descargó sobre el ser, pero el arma se encalló en el suelo. - No soy un engendro...- dijo haciendo un puchero.- Podéis llamarme Lord Creep. Y yo que vos cesaría en el intento de ensartarme en ese trozo de metal. En serio.- y haciendo una cabriola, tarareó:- General Cobaaaaiiiinnn.... Arkón buscó los ojos de su mentor, pero éste apartó la mirada con decepción y rabia y dio la orden: - Apresadles. Diez soldados aparecieron tras él, y se dirigieron con eficacia y rapidez hacia Arkón, lanzas en ristre. Cayó apuñalado y comenzó a nublársele la vista. Apoyó las manos en su propia sangre, que chorreaba a borbotones de una herida en su costado y mientras perdía el conocimiento, vio a Lobeznosa acuchillar a un guardia. De pronto ella se llevó la mano al cuello y puso los ojos en blanco mientras caía al suelo. Consiguió a duras penas girar la cabeza y vio al salvaje amarillo con una pluma en la boca. Una cerbatana... Derrotados por una maldita cerbatana... Lobeznosa trató de decirle algo con lágrimas en los ojos, pero Arkón perdió la consciencia primero. |
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