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Lo prometido es deuda.
No va ser un texto muy currado, osea, que disculpad algunas lagunas. Ya luego, si eso. No vamos a tocar temas como el PVP de los CDs, o los libros y cosas de esas, que serían objeto de otra conversación.
Por el principio. Básicamente, el derecho de autor es un derecho humano (no vamos a ponerlo en duda ahora), y además, da al autor de algo la cualidad de “Propiedad Privada”. Es decir, mi producción es mía, sólo mía, y tengo el monopolio para hacer con ella lo que quiera sin que nadie me lo impida (en el derecho en que nos movemos, que es el español).
No puedo ceder la autoría. Es inalienable.
Se pueden traspasar cosas como el “derecho de explotación”, pero siempre con límites (temporal, de tirada...); y otros derechos económicos, pero no los morales. Al vencer lo acordado, volverá a mí de nuevo el derecho de explotación (o el derecho que hubiera cedido). Si no hay papeles que demuestren lo contrario, el derecho es mío en todos sus efectos (de ahí la importancia de precontratos, contratos, facturas y documentos de encargo, que la mayoría de los autores se empeñan en no usar por pereza).
Entre los derechos que tiene un comprador está el de “copia privada”. Esto quiere decir que me puedo hacer una copia de un CD para oírlo en el coche sin sacar el comprado origialmente de casa (ya sabemos que no es “copia privada” la copia que me hago de un disco que me deja un amigo, ejém). Se trata de que, si me he comprado una obra, y quiero disfrutarla en diferentes lugares, o simplemente no quiero arriesgarme a que se me estropee al llevarla de un sitio a otro, me hago una copia y chim-pún (o dos copias o las que sean, vaya).
Pero este último párrafo se da de tortas con el concepto de “monopolio” que yo tengo sobre mi obra, ya que yo, como autor no te he dado permiso a tí, como consumidor de que te hagas una copia privada. Este permiso te lo da la Ley. Pero a la vez, a mí, como autor, me compensa.
¿Y quién me compensa? Nunca el consumidor, ya que tiene derecho a esa copia. Hay fabricantes que fabrican aparatos que sirven, entre otras cosas, para hacer “copias privadas”. Hay fabricantes que fabrican soportes para contener esas copias. Además de para realizar copias fuera de derecho, o piratas. Por ejemplo, los fabricantes de fotocopias. Por ejemplo, los fabricantes de cintas vírgenes y los fabricantes de equipos que permiten realizar esas copias. Etcétera (y sí, deberán incluírse en un futuro los fabricantes de escáners, impresoras, y en mi opinión, los de discos duros).
Estos fabricantes e importadores (a veces esos aparatos y soportes se importan) tienen al cabo del un año fiscal unos beneficios X. Estos fabricantes e importadores se reúnen con las entidades capacitadas para reclamar ese “canon” para los autores. En esas reuniones se hace una estimación absolutamente basada en una negociación de porcentajes, de lo que correspondería a los autores (sean literarios, gráficos, plásticos, audiovisuales, musicales...) por ese canon de “copia privada” (no por pirateo, que eso no se puede cobrar por esta tasa, si no denunciar, ya que es tema aparte). Las reuniones se hacen con emisoras de televisión, fabricantes de cámaras fotográficas, fabricantes de fotocopiadoras, fabricantes de soportes vírgenes... etc.
Y se llega a un acuerdo, entre abogados, y por lo tanto de tira y afloja. Por ejemplo: el 1,2 % de las copias realizadas corresponden al canon por “copia privada”. De los beneficios netos de las empresas (con cada tipo de empresa una negociación) se cobra la cantidad pactada (sobre beneficios pasados, del año anterior). De ese dinero se estima qué parte va a escritores, qué parte a ilustradores, qué parte a músicos, que parte a... Y ese canon cobrado se reparte (entre los artistas plasticos, los demás no sé) a partes iguales entre todos los asociados. Dando igual que seas Mariscal, y por tanto, una mayor presencia en el mercado y posibilidad de ser “copiado”, que Nacho Casanova, y ser un mindundi con 8 páginas publicadas con ISBN.
Hay un articulo en LPI que impide repercutir ese canon al usuario, porque siempre se paga a posteriori y sobre beneficios netos. De manera que es imposible saber qué cantidad se va a pagar el año que viene por los CDs vendidos este año. Otra cosa es que a las empresas les interese publicitarlo asi. Si pago X por canones autorales, lo divido entre todos los CDs que he vendido (Y) y digo que de cada CD pago a los autores X/Y, o la cantidad que salga. Ya tienes la falacia montada.
Cada vez que vemos una noticia en la tele de algo que conocemos (por ejemplo, si el autor del comic FROM HELL es su dibujante ALAN MOORE) y nos damos cuenta de la gran cantidad de errores que cometen, no va a ser este caso una excepción. Añadiendo el hecho de que las televisiones han de pagar tasas por los derechos autorales de las peliculas (y cualquier otro contenido) que emiten y que los usuarios graban en sus vídeos, y que les gustaría ahorrarse. Muy facil. Dada la mala imagen que tiene la SGAE (sobretodo por su nefasta manera de afrontar las negociaciones, a base de pleitos y de imposiciones: así o nada), hagamos ver que todos los autores son unos buitres que nos cobran lo que no tienen derecho. Como los telediarios los escribimos nosotros, decimos la noticia como nos interesa y generamos un movimiento de gente en contra de los canones autorales. Ala, qué bien.
Supongo, además, que todos los que no quieren que se les cobre ese canon por los CDs que usan para trabajos privados, se manejan en este campo de manera íntegra. Es decir, que no tienen además ningún programa pirata en su ordenador, que han pagado la licencia del Quark, o el Fotoshop. Y las tipografías, por supuesto. Ni un solo disco en su estanteria es una copia de el de un amigo o la tienda de alquiler de compacts de la esquina. Así como las carpetas con archivos compartidos son un concepto de ciencia ficción de un futuro apocalíptico...
Con este último párrafo quiero decir que cada uno arrima el ascua a su sardina, pero que no le quite ese derecho a los demás. Todos tenemos copias piratas de cosas que no deberíamos tener; pero todos los autores tienen derecho a exigir un canon por los soportes vígenes que existen y los aparatos que permiten esas copias. Discutir esto es como discutir el derecho de huelga de los trabajadores, o el voto de las mujeres. ¿En qué siglo estábamos?
Suficiente. Y no me he metido con el rollo de los sistemas anticopia porque es cosa de los músicos y no tengo ni puta idea del asunto, aunque tengo mi propia postura.
Slurps!
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