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-¡Parkinson! Justamente con la que quería encontrarme. No me molesta si las chicas se quedan. Quería decirte que como buena amiga que soy – me detuve e hice una mueca – rechacé a Draco. Sí, como oyes: el me pidió que saliéramos juntos. Pero a mí no me interesa. Pero como sabía que tú estás enamorada de él desde primero no era justo que una punk llegara y te lo arrebatara tan fácilmente. –
Pansy se quedó pensando. No sabía si lo que le acababa de decir era bueno o malo. Tan estúpida...
Desde ese momento ni ella ni sus amigas me molestaron. Sonaban las cinco en punto de la tarde y yo llegaba tarde a Pociones, como de costumbre. Miré mi reloj: se había parado. Corrí con la mochila en mi espalda y el skate bajo el brazo y entré apresuradamente en el aula del profesor Severus Snape.
-Wackefield, me encantaría me explicara las razones de su incumplimiento. – me dijo, mientras yo me sentaba en un banco de la primera fila, el único vacío. - -Se me paró el reloj. – dije tranquilamente. Snape me fulminó con la mirada, se tocó su pelo grasiento y se acercó a mi escritorio. Me arrebató el reloj, lastimándome la muñeca, y lo arrojo en un caldero. Dentro de éste hervía un líquido espumoso, de color naranja fosforescente. Lancé un grito y miré al profesor. -¡Como se atreve! Era una reliquia, de mi abuela, que fue pasado de generación en... No terminé mi frase. Snape tomó las pinzas y con éstas sacó el reloj del caldero. Brillaba, como nuevo, y había vuelto a funcionar. -Esta, como les decía antes que la alumna Wackefield nos interrumpiera es la poción reparadora. No sólo repara objetos sin necesidad de una varita, sino que los deja limpios y mejores que antes. Anoten esto, es tema de examen. – Miré a Snape, avergonzada, y me puse el reloj. Esa clase fue eterna. Por las burlas, comentarios y acciones de los demás; Snape lo disfrutaba.
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